domingo, 2 de octubre de 2011

Muestra antológica de Pedro Azabache


Esta fiesta de primavera se tiñe con sabor a Moche y la presencia del maestro Pedro Azabache Bustamante en esta importante exposición antológica refresca la vitalidad de Moche en todo su esplendor.
La Casa de la Emancipación es el escenario para apreciar el trabajo de distintas épocas y una temática que reivindica su lugar de nacimiento.

La Conclusión plástica del maestro Pedro Azabache está definido, pero la aparente definición de la corriente indigenista -término en discusión- se mantiene en estado térmico. Es posible que su apogeo se haya concentrado a mediados del siglo XX, y la supervivencia del concepto, arraigado al esquema popular mantiene una salubridad visual, sin embargo la palidez premonitoria daba lugar a otras expresiones. La obra de los últimos herederos de José Sabogal pasa inadvertido y son contemplados como el rezago original de una corriente pictórica que complace una peruanidad soberana y étnica. Si bien, es cierto, la inalterable actitud del ejercicio de la pintura causada entre 1687-88 por artistas indígenas en Cusco, ratifica que los cambios pictóricos ya tenían antecedentes de liberación artística.
La independencia indigenista proclamada en los años 1920 y simultáneamente en México acompañado por el desgano estético originado por la primera guerra mundial son contemplaciones fundamentales. Las violentas apariciones estéticas de post-guerra como el Abstracto Concreto, Realismo Existencial, Poéticas del Arte, Arte Pobre, Nueva Figuración y otras opciones plásticas llegan a Perú tardíamente, ya sea por publicaciones o por la visita de pintores peruanos a Europa. Todo esto sucedía en el viejo continente y, acá se debatía entre el indigenismo y lo abstracto; ambas corrientes mantenían seguidores con postulados de revisión fáctica, alegados a los ánimos de supervivencia estética o sencillamente al resultado magro de la pintura peruana hacia los años 1970.
Esto puede resultar alterador cuando toda la hegemonía de las artes visuales se deposita en lo visual y digital, y la permanencia intacta e inamovible de la observación real se convierte en obsoleto e imaginario. Residir con la temática costumbrista, -costumbres vigentes en actividad- solamente referido de la realidad sociocultural en el interior del Perú. El proceso de achichamiento no encaja en este contexto descrito aún en la intimidad étnica, así como la expresión de los polvorientos lugares de origen nativo.
Moche es la realidad ahora, Moche es Pedro Azabache y la acción inmediata se convierte en nuestro interés estético.
Pedro Nolasco Azabache Bustamante, natural del valle de los Moche. Imagen firme de la pintura norte del Perú y el único sobreviviente de esta camada de creadores indigenistas. El término; nuevo o post, son categorías que intentan encasillar la obra completa de un pintor que habitó más de medio siglo inamovible, esmerado de las nuevas tendencias tentadas por cualquier artista. En principio su obra estaba cargada de la influencia de Sabogal, y como el contagio es cíclico, entonces observamos a Azabache su íntegra separación de la sombra del grupo indigenista a fines de 1970 y mediados de 1990, (es posible que las Bienales Internacionales en Trujillo significaran estos giros en su obra) le bastó una década para ofrecernos su espíritu libre, desprendido de la obediencia sabogalina. La novedad que trae consigo es, precisamente la iluminación atmosférica extendida en la coherencia de la imagen personalizada, caracterizada en el cambio gradual de la morfología humana. Los referentes básicos modela una plasticidad más sensible a la luz y una matización sustentada en el amor a su tierra. El paisaje minucioso pertenece a su vida, se sumerge desde el alba y sale triunfante al ocaso. De sol a sol batalla y reanuda el mismo tema; su entorno. Proclive a la naturaleza de años, a veces deteriorada, pero creyente a los ofrecimientos de la tierra y a la vegetación depurada por su mirada liberada.
La definición ajena; “inactual” vive un eterno presente, y el brillo de sus ojos del maestro reverencia el nombre a este movimiento que forma parte de la historia del arte y de quienes somos conscientes que su obra aun no se ha tratado en su auténtica vastedad.
Esta retrospectiva registra el tributo y agradecimiento al maestro Pedro Azabache, figura diáfana y solemne de esta tierra milagrosa llamada Moche.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Los Fantasmas Urbanos de Cecilia Carrión


“Constructo de un imaginario” así se denomina la obra de Cecilia Carrión Serrano (Bachiller en Artes Plásticas, especialidad de Grabado, Pontificia Universidad Católica del Perú - Lima), quien viene exponiendo en la galería de arte “Azur” de la Alianza Francesa de Trujillo. Veinte grabados dispuestos ordenadamente y con una pulcritud que garantiza el buen ejercicio de la técnica del grabado.
La esencia de esta muestra radica en el recupero de la ciudad de manera íntima, recurre a diversas vistas urbanas y las adhiere en fragmentos logrando una conjunto imaginario citadino.
La predilección por fachadas tratadas digitalmente compone el conjunto externo de calles accidentadas y agitadas. Cuando un sector de estos espacios habitacionales le fascina, entonces, las duplica cuidadosamente para evitar la fatiga visual. Entre pórticos, ventanas, puertas y cornisas, aglutina realidades que forman parte de su convivencia. Esta creación personalizada del paisaje urbano está poblada de seres anónimos, blanquecinos y transparentes ubicados a modo de existencia, el restablecimiento de la imagen se concentra básicamente en la inclusión de una urbanidad que se extingue, sin embargo ella pretende enaltecer ese territorio que en algún instante le perteneció. Espacios creados a partir de la yuxtaposición de trozos graficados son envueltos a partir de una computadora para luego ser impresos sobre soportes de papel algodón.
El detalle en estos grabados digitalizados, es la intervención de la figura humana fileteada en color negro trazado sobre papel canson transparente, eso permite que los espacios no se recarguen y se logre apreciar la obra en su conjunto. Le viene a la memoria parajes recorridos por una niña que recuerda sitios almacenados en su interior. Esos fantasmas que rondan y contemplan quietos cada rincón sin hallar su domicilio son expresados por sectores. La presencia humana se extingue en cada una de las obras para concentrarse en la construcción del espacio, quiere mostrarnos que su pasado urbano es el mismo y deambula por escaparates para rescatar lo que aún le queda de conciencia.
Temas como “En la ciudad” atrae elementos para componer lugares de realidad precaria. Le basta un gran frontis pálido para jugar con una cierta actividad motorizada. En la serie “Des Journaux” compuesta de seis trabajos cuadrados (transferencia sobre MDf), ligeramente pequeños y donde rostros de niñas son borrados para realzar la actividad infantil en escenas cotidianas. Nuevamente hace uso de la texturación y de efectos visuales que complementan una temática reposada.
Los recuerdos aun frágiles en la tentativa de Cecilia se aclaran en cada parte de su trabajo, se esfuerza en definir situaciones de su niñez y esboza zonas fantasmales queriendo concretar el lugar que habitó. Camina y se entretiene con diversos detalles recreando una arquitectura aun borrosa en su mente. La construcción de su obra se alimenta de un imaginario pavonado representado en partes, es por eso que no se distingue con exactitud la demarcación de su pertenecía territorial.
-Desde niña solía crear y construir imágenes en mi mente, jugaba con estas imágenes representándolas en dibujos y acciones. En mi habitación sentía de vez en cuando una ausencia, una inquietud que nacía, tal vez, a partir de la toma de conciencia de proceder de una familia diferente a la adoptiva. Desde ese instante fui construyendo en mi imaginario de manera intermitente, imágenes que irían armándose por medio de sensaciones, yuxtaponiéndose una a otra- de esta manera reflexiona Cecilia Carrión

Desde los trabajos del grabador trujillano radicado en Alemania, Juan Collantes no habíamos visto una muestra que facture la especialidad del grabado tan poco difundido.
El buen uso de la computadora nos hace olvidar por instantes que las prensas de grabado queden como reliquias y subyugadas por los grandes formatos de impresión digital. El proceso creativo queda al margen de estas intervenciones modernas, sin embargo la utilización de este medio permite que la obra se duplique con una facilidad mediática.

Entre Chamanes y misterios del Ande


Nuestros antepasados preincas mantenían una comunicación frecuente con la naturaleza, eso permitía una permanente comunión con el territorio donde habitaban. Desde los cerros llamados Apus hasta las lagunas denominadas Cochas, nuestros ancestros tenían un respeto y una devoción que lograron transmitir a diversas generaciones. Las plantas curativas y ciertos animales sometidos a rituales religiosos eran una costumbre que actualmente se practica en nuestro país.
Algunas regiones con mayores motivaciones desarrollan el ejercicio chamánico y la cura con hierbas. El sanpedro y el ayahuasca son los brebajes que más adeptos tienen por ahora, ambas alucinógenas y de sublimación suprema. Existe en el Perú una importante variedad de flora silvestre mágica y curativa que es utilizada por los denominados médicos naturistas, herbolarios, chamanes, brujos y santeros.
“Encantos y Médicos del Ande” es una propuesta realizada por el artista plástico y arqueólogo Wilo Almanzor Vargas Morales, esta exposición se puede contemplar en la galería de arte de El Cultural. La importancia se suma a esta muestra, en la complementación del registro arqueológico y la intervención plástica visual. Una distribución de elementos y piezas de cerámica nos acerca a reconocer que aun seguimos siendo una cultura mágica y de costumbres muy propias. Ha ubicado al fondo de la sala una mesa típica de un curandero abastecida de fragmentos y plantas que nos conlleva a creer que la sanación se concentra en recuperar nuestra naturaleza más allá de ciertos principios religiosos occidentales.
También nos quiere mostrar que esto no es una simple imaginación, para eso ha tomado como referencia a personajes reales con cierta inclinación curativa; (Pablo Lázaro Villacorta) más conocido como el Doctor Pablito, importante herbolario instalado hasta el año 1979 en la novena cuadra de Independencia en pleno centro de la ciudad, una fila interminable de usuarios esperaban con una credibilidad indesmayable por los menjunjes que el tal don Pablito preparaba con acierto.
(Eduardo Calderón Palomino) El Tuno, es otro de los personajes más estimado y estudiado en Trujillo, estuvo afincado en el balneario de Las Delicias. Su Mesa de trabajo actualmente se halla en el museo de arte americano en Austria. Curaba con el cuy y lograba despejar males internos de las personas. El escritor liberteño Eduardo González Viaña describe al Tuno así; Era su panza lo que más contribuía a las asombrosas proporciones de aquella silueta a contraluz. Su cabeza parecía tallada mil años atrás con unos ojos chinos y una nariz de hacha a los que se añadía una larga cabellera recogida en la forma que lo hicieran los profetas. Por lo menos mide cuatro burros de ancho, me había dicho con el índice del secreto sobre los labios un buen amigo suyo.
Wilo Vargas no ha querido dejar de lado a los actuales brujos que aparentemente profanan los principios de nuestros grandes chamanes de la historia peruana, mucho menos a los mencionados anteriormente. Entre ellos podemos mencionar a Kalula y Gíbaro de quien presenta un video en plena sesión de florecimiento, entre la oscuridad y el resplandor de los cirios emerge el curandero en acto ritual. Algunos que suelen anunciar en diarios nacionales como El Zantero, brujo pactado y de curaciones realizadas en las huaringas. El gran Oscar, La diosa del amor, Doña Dora y otros de discreta publicación periódica.
A todo esto apreciamos que la muestra de INTIPUNKO dirigida por Vargas Morales recupera el concepto folclórico nacional. – Conforme nos remontamos al pasado observamos que la medicina y la enfermedad siempre estuvieron ligadas con la magia y la religión. En aquellos tiempos las prácticas chamánicas tuvieron una difusión planetaria, tal es así, que no existía ningún grupo humano sin la presencia de un hombre-medico, brujo o chamán. Este personaje rodeado de una atmósfera mística, cumplía la función de alejar a los malos espíritus y atraer a los buenos, su conocimiento de plantas medicinales lograba curar el dolor o la enfermedad incrementando su reputación y respeto en el grupo-. Bajo esta percepción registra en la presentación del catálogo Wilo Vargas.
La escultura de un chamán, cirios, un carrito en ruedas con botellas llenas emoliente, cuyes vivos en exhibición, plantas curativas, la infaltable coca fotos y videos de curanderos, y textos que explican nuestra cultura se juntan para refrescarnos que somos parte de ese mundo que se extingue conforme es arrasada por la urbanidad y la impersonalidad de sus habitantes.

lunes, 22 de agosto de 2011

La importancia de llamarse Pedro Azabache


Gratificado de ver nuevamente este importante certamen del VIII Concurso de Pintura al Óleo “Pedro Azabache” La temática en este concurso plástico encierra ciertas condiciones relacionadas con la vida en el pueblo y la campiña de Moche, ambos territorios distantes en convivencia. La Campiña goza de mayores privilegios y atractivos que le permite ser visitada con mayor frecuencia, desde las imponentes huacas del Sol y de la Luna hasta el recién inaugurado Museo de Sitio, también nos brinda una culinaria típica y un clima prodigioso que anima vivir entre cerros violáceos, la fragancia de su vegetación y ese olor peculiar que despide sus adobes.

Antaño se tenía varios certámenes pictóricos en la ciudad, como el Salón de Primavera, Bienales Nacionales e Internacionales, Coca Cola y otros de importancia, sin embargo ahora nos quedamos casi desnudos y aparece cada año este evento dirigido a un sector emergente -estéticamente hablando- . Los premios no tan jugosos pero significante para quienes saben que le corresponde participar. Este concurso dentro de la carencia de convocatorias artísticas visuales -salvado por la campana- nos conlleva a reflexionar que Trujillo ha extraviado esa emoción cultural y la apatía institucional privada y pública han perdido ese feroz espíritu de mantenerse siempre en el podio cultural que los caracterizaba. Eso incluye al gobierno edil y regional, creen ellos que encementando las calles en frugales agregados están conquistando la esencia de la ciudad -la calle es una selva de cemento y de fieras salvajes cómo no-.

Esta versión 2011 es integrado por un jurado calificador experimentado, Pío Ángel y Carlos del Mar, acompañaron también a esta deliberación final, Silvia Méndez Gschwend y Víctor Urquiaga Parodi. El primer premio lo obtuvo Henry Zavaleta Nieto, aborda un típico lugareño reposado bajo la sombra de un árbol, esta escena se aprecia bajo las faldas de la huaca del Sol, el sendero curveado deja divisar un cielo limpio y de ligeras luces insinuadas en lo alto de la huaca. El perro calato descansa junto a su dueño en una resolución verista, un tratamiento figurativo con acentos fuertes enciende parte del espacio capturado.
El segundo premio fue compartido entre Víctor Ticerán Ruiz y Emerzon Vásquez Acuña, el primero plantea el perro nativo viringo en una actitud formidable, una perspectiva de la figura canina entrecortada complementa un fondo anaranjado fuerte y con aplicaciones de estrellas. El sentido gráfico de esta pintura escapa un tanto de lo establecido por las bases del concurso, sin embargo, se siente el recupero de una fauna eminentemente Moche, en cuanto al segundo, resuelve de modo más íntimo la figura de un campesino digno y solitario. Introduce acertadamente una gama de colores quebrados hasta la incandescencia del rostro en pinceladas cargadas de pigmento, este tratamiento cuidadoso indica con claridad el tema elegido.
La permanencia del paisaje mochero es frecuente entre las cuatro menciones honrosas; Juan Mendoza Anticona, Suyberto Villanueva Campos, Walter Diaz Zavala y Eduardo Reyes Verde. Lo mismo sucede con los finalistas; Ferencz Blas Rodríguez , Sandro Sandoval Quispe, Rober Zamora Bello, Francisco Castro Biminchumo, José Pérez Cóndor, Emilia Cóndor Torres, Alex Terrones Vásquez, Ángel Bocanegra Otiniano, Marcelino Pereda Córdova, Willians Abantos Salas y Juan Panta Arrieta.
Los ganadores, así como los finalistas, forman parte de esta exposición en los ambientes de la galería de arte del Club Central de Trujillo.
-Considero que sin perder la naturaleza pictórica se puede recrear la magia de Moche con sus principios y valores naturales, manteniendo la frescura de la pintura plana, también se puede hacer buena pintura sin realizar una narración en las obras, que en su mayoría de los casos se ven obligados a trasladar al lienzo una toma fotográfica específica, tal cual, sin intervención artística.
Por lo tanto los jurados en un futuro deberán seleccionar la pintura como tal, en su valor plástico y la destreza de la composición con los símbolos naturales y sociales de Moche-. Así precisa Víctor Montenegro Burga, en relación a este evento.
El homenaje al maestro Pedro Azabache en esta actividad, ratifica la importancia del reconocimiento y el permanente espacio en la historia del arte peruano y liberteño específicamente.

sábado, 20 de noviembre de 2010

San Francisco en Bellas Artes de Trujillo


Ad portas de convertirse en Universidad de Bellas Artes, la Escuela “Macedonio de la Torre” en sus 48 años de creación académica viene realizando una muestra artística en la Casa de la Emancipación, esta exposición, se supone involucra trabajos de investigación de los docentes de esta casa de estudios, sin embargo, casi nada existe de lo propuesto.
Esta franciscana muestra hace votos a la pobreza académica resumida en un muestrario de trabajos que pasa inadvertida. La exigencia de otrora se concentraba en el fervor de los claustros de la escuela, el espíritu henchido a quienes denominábamos “Maestros” ahora, se siente desvanecer por la escasez de ese rigor plástico. Pareciera que una bruma de compromiso arrastrara a algunos profesores exhibir insustanciales y frágiles trabajos.
A pesar de esta observación, hallamos esfuerzos limitados por la falta de frecuencia en la investigación.
Segundo Alfaro ha recuperado una cierta esencia en la piedra granito de su escultura al no inclinarse en pormenorizar detalles de la figura. Esa ligera insinuación de la forma materializa una estilizada tridimensionalidad alejada de las anteriores esculturas. Las mujeres en posturas sensuales reposan limpias bajo el labrado del granito noble y caprichoso por partes. Quintin Borda, labora con cuidado una figuración más tratada, el campesino estatuario y el busto de una mujer en una pátina neutra coordina con la otra pieza escultórica de un indio envuelto en su propio cuerpo. Luis Ríos, cauto y sin atrevimiento alguno expone una cerámica que registra lo mismo desde hace años. Este grupo de escultores y el ceramista se han ordenado en un ambiente de la casona para proveer con cuidado la distribución de sus trabajos.
Víctor Montenegro, parece que ya halló la importancia de su obra. Ese desfile de farolas que se aglomera entre la muchedumbre y angostas calles, recobran vitalidad entre luces fantásticas. Creo que ya no necesita de edificaciones y fachadas manidas para expresar su pintura. Es suficiente con el gentío y sus elementos luminosos para identificarlo. Carlos Castillo, con dos obras cumplidoras se integra al colectivo. Fernando Rivas, también expone dos obras, una es un bodegón acompañado de un jarrón esmaltado y otro que posee unos girasoles marchitos. Frutas y cacharros se acercan a una cesta en un diálogo esquizofrénico, trazos atormentados y deliberados se agitan sobre la tela, así como la otra pintura donde el remanso de un estanque tranquiliza la pincelada libre y pastosa. Oswaldo Parimango en “Camino de esperanza” acertado en la comunión con el fondo gris y las tres mujeres que se disponen a llegar a sus moradas. El cuidado y el tratamiento del atavío favorecen una pintura que desmenuza las partes del cuerpo. Manuel Miranda Parreño, la única obra “Los últimos enviados” sin insistencia alguna recrea una pintura practicada de manera abúlica. Desde la oscuridad emergen seres amorfos en carnes rojas regadas sobre hierbas gélidas y temblorosas. Adolfo Leyva, insiste en recortar y configurar la forma a partir del calado, eso trae malestares en la definición. En cuanto al acabado aun existe un sufrimiento que requiere más tratamiento. Ángel Bocanegra, cree que está ilustrando portadas esotéricas, cuando debería abordar un tema nutrido de exigencias estéticas. A veces se escapa de una realidad a donde pertenece primordialmente. Tito Graus, apresurado y despistado nos quiere embaucar con trabajos ligeros y con falta de responsabilidad. Rómulo Azabache, casi se queda sin espacio en esta muestra, pero a apretones lograron ubicarlo en los ambientes donde están las esculturas -en eso no habían quedado- dos agrisados trabajos blanquecinos por la presencia de una luz que envuelve todo el formato se ve acompañado de trazos y gestos de líneas que se ampara en una idea violentada por el autor.
Como toda institución del estado tiene sus broncas internas, también eso ha infectado en bellas artes: Profesores principales de taller se restringen en exponer en el conjunto de los docentes. Antonio López, Francisco Alegría, Wilmer Linares y Víctor Herrera, ausentes en este compromiso institucional.
Se viene los 50 años de la Escuela de Bellas Artes de Trujillo fundada por el maestro Pedro azabache.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

La Fiesta del Taita Pancho en Huamachuco


Con la fidelidad de siempre, acostumbramos viajar a Huamachuco en Transportes Fuentes, el recorrido hacia las alturas de la tierra de los Markawuamachucos se torna cada vez más agradable y la accidentada geografía enaltece un pueblo eminentemente religioso.
Día domingo 12 de setiembre el sol radiante aplasta la inmensidad de la plaza de armas, ésta a la vez atestigua el día liberado de nubes junto al campanario estucado de color blanco. Durante la mañana el clima caliente se alista a recibir la fiesta del Taita Pancho y, la Hermandad de San Francisco en Huamachuco se preparó con meses de anticipación para rendirle tributo a este santo nacido en Asís (Italia, 1182-1226), fundador de la Orden Franciscana y de una vida frugal registrada en la austeridad de su existencia.
Se van asomando poco a poco los lugareños en el sitio acostumbrado de la parada del gallardete del 29 de julio, sin embargo, comentan que el espacio donde se realizará el ritual es cinco metros más adelante. Un hoyo aproximado de tres metros significará el reposo del madero a modo de mástil de 42 metros. Desde la Colpa se tuvo que traer el gigantesco poste seco de eucalipto en un conjunto de personas y, entre chicha y bolos de coca los ciudadanos de Huamachuco trajinan para poder transportarlo hasta el centro de la plaza de armas. Sogas y tijeras sirven de soporte para elevar el palo pintado de marrón y blanco identificado con los colores de la vestimenta del Taita Pancho. Los que integran la hermandad se preparan para alzar con devoción y cumplir con el ritual de cada año. Otro grupo de fieles traen consigo la bandera donada por un integrante de la hermandad. El barullo y la agitación de quienes colocarán el madero mástil se disponen fuertes y radiantes, nada es fácil y tienen que coordinar al compás de la banda de músicos y el jolgorio del pueblo. La fiesta se desató magistralmente y los danzantes saltan y entonan en cada paso el respeto al Taita Pancho. La plaza se llenó íntegramente y los fieles esperan ansiosos el instante de la parada del gallardete. El esfuerzo es descomunal y las tijeras cumplen su función de levantar pausadamente.
En el preciso instante que el enorme madero se zambulle al hoyo todos huyen despavoridos dejando a los encargados de las sogas el equilibrio del madero. Según la tradición es el momento culminante donde la tierra es concebida por el madero (falo) y la Pachamama (Madre tierra). Esta actitud de siglos se aprecia cada año en esta fiesta emblemática y religiosa.
“Sólo después de ver el izamiento del gallardete un par de veces, uno se puede dar cuenta de que esta ceremonia, o una similar, ya había sido descrita hace más de 400 años por los sacerdotes agustinos, quienes fueron los primeros misioneros en llegar a Huamachuco; ellos describieron la ceremonia como una de las formas de adorar a la deidad Ataguju que es descrito aquí en esta obra, así como el Dios Padre es descrito en la teología Cristiana, es decir como una figura creadora distante, así como también similar a la deidad quechua Viracocha. De hecho, es probable que Ataguju y Viracocha sean homólogos; ambos parecen representar una conceptualización de la energía/materia creativa primordial, semejante a nuestro concepto de –fertilidad-” Así refiere el arqueólogo Dr. John Topic.

Desde la Fundación de la Hermandad en 1923 han venido desarrollando diversas actividades relacionadas con el Santo Patrono, los devotos fieles a San Francisco tiene como consigna rendirle contribuciones con festividades que regocijan al pueblo huamachuqino.
Los Negros, así se les denominan a esta agrupación cristiana y sus integrantes. Luis Vasallo, Felizardo Sánchez, Felipe Villanueva y otros de importancia se responsabilizan cada año en caracterizar con respeto una fiesta que congrega al pueblo en un reencuentro de paisanos y visitantes que año tras año se va convirtiendo en seguidores del Taita Pancho.

viernes, 27 de agosto de 2010

Poesía desde el jardín de Joan Louis Aponte


Todo se ha trasladado al encanto y mundo maravilloso de un enredado paisaje donde la vegetación no se deja violentar con la llegada del hombre. Hojas de plantas silvestres se extienden en coloraciones fantásticas y, entre el forzado follaje se anidan aves silenciosas a manera de guardianes de este intenso y colorido lugar.
Se percibe una maleza de tonalidades incandescentes donde los cuerpos de las vegetales y de tallos delgados, sostienen una peculiar forma de ornamentos donde descansan libres, otras veces inundan el formato saliéndose del cuadro. Por instantes se perciben diminutas avecillas y cuando escudriñamos con insistencia configuramos seres transformados en duendes, éstos, se ubican en un camuflaje de visibilidad caprichosa
- Es una nueva serie de óleos sobre lienzo, una constelación de figuras y colores de contrastes ilimitados donde no se comienza ni termina, así cada uno tiene su propio carácter, también, en armonía. Fueron creados desde mi estudio en Huanchaco donde pasé el invierno en compañía de mi computadora, café y tostadas, para componer la poesía hecha pintura-. Con estas palabras, Joan Louis afirma el proceso de estas obras.
El Colibrí, un ave que cobra importancia en estas pinturas de fondos acaramelados, las diversas estaciones colorísticas que se distingue en estos paisajes se convierten en el hábitat de frágiles y tiernos colibríes que andan dando vuelo entre hojas y flores, algunos extraen el néctar de las flores de este huerto delicioso.
Denominaciones candorosas como; Recolector de Esperanzas, Hojas para Primavera y El vuelo del Colibrí en mí Corazón, son títulos que determinan esta muestra Poesía desde el Jardín. Toda la espesura en una variante de verdes, otras veces anaranjado, se incluye entre un tacaño pigmento diluido como una sabana que cubre el fondo ajustado y de pinceladas quebradas.
Ciertos trazos contundentes acentúan la estructura de las planas y liberadas formas del vegetal. Quebradizos tallos salen de los laterales del cuadro, pero muchos de ellos emergen de la base. Una vista donde todo está suspendido, no se atisba la tierra como reposo de las plantas y, eso permite que el trabajo de Joan Louis quede sin gravedad.
Trece cuadros y un díptico suman esta muestra en un inapropiado montaje donde el cuidado en la distribución y la altitud de las obras desarticulan y afectan la observación. Se tiene que tener cuidado en este detalle, de lo contrario, la Alianza Francesa de Trujillo debería exigir a cada expositor el rigor de una curaduría. La galería de Arte Azur, mantiene una buena disposición espacial, así como de una iluminación adecuada, sin embargo, no se aprovecha de estas instalaciones apropiadas.
Joan Louis Aponte, después de haber obtenido el primer premio 2009 del concurso de pintura Pedro Azabache, trae consigo esta muestra individual instalado de una cierta personalidad, exigiendo en su obra una clara serie de obras de peculiar temática.
El sentido visual de este joven creador se afianza en su propia experiencia al contemplar con fascinación el paisaje y, el simple ejercicio de comulgar con la naturaleza para extraer de modo antojadizo una síntesis de la forma en elementos táctiles, el sabor y la respiración natural se concentra en colores salidos de cuentos mágicos. Se puede contabilizar las piezas que conforman el cuadro, incluso la actitud del colibrí en un escaso aleteo. Aprovecha la intensidad fiera del color y deja sobrevivir a sus habitantes de este bosque perdido, pero existente en el ideario del pintor, un escenario poblado de invención que recupera el espíritu ventilado de senderos concentrados en frescura y vida.
-Joan Louis, enérgico artista escapando de la infructuosa mimeticidad ha sabido aferrarse a la imprescindible sapiencia formal para crear su personal universo de imágenes tan suyas desde ya, donde el color dialoga mágica y sonoramente como nuestros ancestrales Sikus, apoderándose de las imágenes o más bien encontrando en ellas el espacio para sus resonancias, para el dialogo, para ese rojo frente a ese azul-. Es el escrito que vierte Juan Aponte sobre la obra de Joan Louis
La aplicación técnica queda reducida en manchas cortas y una iluminación que no tiene dirección pareciera que estuviese dirigida por luciérnagas escondidas entre pantanos y rastros de un aguacero. Una límpida escena despierta de las manos de Joan para ilustrar un invernadero en un jardín poético. Emociones que contrarrestan las razones, es la importancia fundamental en este grupo de pinturas.

martes, 24 de agosto de 2010

Pedro Azabache y sus discípulos en Europa


La presencia de Pedro Azabache y sus discípulos en Bélgica, registra la importancia de la pintura peruana en un escenario europeo donde se describe aun el arte peruano costumbrista como maravillosa y exótica. Sin embargo la experiencia de estos maestros ayuda a consolidar el arte trujillano en Europa.
Esta exposición está organizada por -Les Amitiés Belgo - Péruviennes, la ville de Mons y la Galerie Club Colonial de Huanchaco, Trujillo.

Indigenismo, una realidad mediática
La hispanidad se instala en el Perú a mediados del siglo XVI y, trae consigo una pintura occidental (óleo/lienzo). En la primera década de 1900 se establece una pintura de temática netamente costumbrista, es decir se recupera imágenes y paisajes de distintos territorios peruanos. Antes que esto sucediera la pintura estaba reflejada en la idea cristiana y el gusto de decorar las grandes iglesias católicas. Pintores italianos y españoles de tercera categoría llegaron al Perú colonial y realizaron una labor de encargo en los grandes recintos católicos, al término de sus trabajos y, sin percatarse que sus ayudantes indígenas habían logrado aprender el oficio de pintar, entonces, estos pintores peruanos mestizos introducen nuevos cánones en los cuerpos occidentalizados. La coloración de la piel y el trapeado va dirigido a una realidad medíatica -personajes de su entorno mismo- ya había empezado la independencia plástica en el arte peruano entre los años de 1687-1688 por artistas indígenas cusqueños, esto ratifica que los cambios pictóricos tienen antecedentes de liberación artística.
La idea de arte nacional en los artistas indigenistas se inicia con los problemas agrarios, donde el campesino fue hacinado a los campos y al arrebato de sus tierras, en estas condiciones y en el silencio se manifiesta una expresión a partir de sus herencias y cánticos de siglos. El color de la indumentaria y el de los cultivos se impregnan de sabor propio, en este contexto se desarrolla un arte popular y salen de sus manos creadoras elementos artesanales con formas que involucra su mundo particular.
Así se iba afirmando un arte verdaderamente nacional, que años más tarde recogería con criterio José Sabogal. Las ansias de peruanidad se esforzaban en revelar cada rincón olvidado, personajes y paisajes inéditos emergen en lienzos para luego ser expuestos en galerías urbanas. El esfuerzo de la pintura indigenista en relación a la práctica oficial del arte académico ganaba terreno y se acogían pintores en diferentes partes del país.
El Postulado de José Sabogal en reivindicar la zona andina del Perú se concentra en plantear en sus telas la vida cotidiana y el fervor popular de escenarios jamás vistos por la población citadina. Sabogal se convierte en el precursor de una nueva corriente pictórica denominada “Indigenismo”, coincidentemente en todo el escenario latinoamericano.
Los Muralistas mexicanos ( Rivera, Orozco, Siqueiros) y la presencia de los brasileños; Portinari, Cavalcanti y T. Do Amaral enriquecen este nuevo movimiento ansioso de autentificar un pasado rico en magia e historia.
Después de la imagen de J. Sabogal se vienen los artistas independientes entre los años de 1945-46, donde le dan un giro más conceptual, sin embargo persiste el mismo lenguaje iniciático.
La presencia de Pedro Azabache en el norte del Perú se consolida como el pintor más importante en mantener los postulados de Sabogal (maestro de Azabache en la Escuela de Arte de Lima). La creación de la Escuela de Bellas Artes en Trujillo por el pintor Azabache cambia la pintura en esta zona norte del país, por su taller pasan diversos alumnos que hoy en día mantienen con salubridad este contexto indigenista. Los temas han variado, los personajes y paisajes pletóricos del mundo costeño pueblan lienzos con escenas de pescadores y costumbres netamente propios. La persistencia de estos artistas discípulos del maestro Azabache: Pío Ángel, Eduardo Urquiaga, Demetrio Saldaña y Víctor Montenegro, heredan una expresión popular manifestada en sus obras donde el color reclama esa candidez y el mágico mundo de donde ellos pertenecen.
La idea de peruanidad no radica en plantear la vitalidad del tema, más bien, existe una dosis de personalidad y una autenticidad que intenta establecerse como parte de una nación producto de la historia a la que no niega sus influencias ajenas. Esta corriente de un concepto más contemporáneo está expresada por artistas recientes como Rómulo Azabache, Pedro Anhuamán Gordillo, Juan Aponte, Isabel Rodriguez y otros.
El concurso de pintura “Pedro Azabache”, también es un aporte fundamental en mantener viva esta manifestación plástica costumbrista. Cada año vemos desfilar jóvenes artistas en busca de este preciado premio que involucra como escenario la campiña de Moche y el legado pictórico del maestro P. Azabache. La persistencia en mantener el lazo prehispánico con la modernidad, se concentra en este territorio Moche.
Esta muestra codifica una pintura paralela a otras opciones modernas dentro del ámbito histórico del arte peruano. La vigencia del indigenismo contiene el pensamiento natural de la vida cotidiana tal como se aprecian en estas obras expuestas en el viejo continente.

Héctor Suárez y sus visiones de Chan Chan


Chan Chan es contemplado con cierto interés histórico considerando el recupero arquitectónico de sus partes, por siglos esta majestuosa ciudadela enclavada a orillas de nuestra costa se manifiesta solitaria y lejana al barullo de la gran urbe. Antenor Orrego comentaba sobre sus constantes visitas a este lugar con César Vallejo, llevando consigo vino y bizcochos, perdiéndose entre los vericuetos de oscuro barro. A posteriori, José Eulogio Garrido se vuelve un asiduo visitante de este terreno añejo y polvoriento, pareciera que un cierto encanto se guardara entre estos muros y frisos de magnífica construcción.
La Alianza Francesa de Trujillo alberga esta exposición donde la esencia de esta muestra se complementa con la obra poética de José Eulogio Garrrido en “Visiones de Chan Chan”, título elegido por Héctor Suárez para esta selección de trabajos donde los recintos amurallados de adobe se compenetran con la naturaleza. El escenario desolado donde pirámides truncas yerguen deshabitadas bajo un cielo quebrado, otras veces desnudo. El contraste de las comparticiones y edificios se integran a la tierra en coloraciones reflejadas por la cercanía al mar.
La importancia de este trabajo radica en la frenética oscilación de los espacios terrosos y su permanente traslado de los puntos de fuga en un espacio que se enriquece de una vista aérea. Los diversos niveles de perspectiva se divisan desde lo alto de las murallas para rescatar la proyección de suelos invadidos por una luz tenue de la tarde y la brillantez de la noche sobre bloques ocres.
Cuadros de mediano formato recogen fragmentos poco vistosos, dejando de lado la imagen manida del conocido Chan Chan, la periferia a los centros de adoración se convierten en luminosos y pequeños santuarios donde el paisaje inundado de barro recupera su vitalidad. Una cierta energía despide cada detalle de las tapias y un acicalado tratamiento del temple le asegura una pintura chata y de escasa textura.
La pintura de Suárez recoge estos parajes agonizados por la intemperie -saqueada y destruida por los Incas (se postula)-, cada rincón de esta ciudadela mantiene una iluminación fantástica, incluso aprovecha la luminaria espacial para insertar un inventado color de murallas. Los diversos ángulos perspécticos enriquecen una pintura dotada de valores históricos en una obra que comulga con la expresión de Eulogio Garrido al pormenorizar con sigilo muros desgastados por el tiempo.
En ambos ambientes de la galería Azur se distribuye equilibradamente discretos trabajos que sin necesidad de apelar a la invención de temas, sencillamente recurren a un escenario que le es familiar, esa cercanía cotidiana que en algún momento le permitió comprender el vasto ejemplo de la cultura peruana para expresarse en una serie de pinturas que cuidadosamente ha sabido elegir entre el dificultoso rincón de esta gran ciudad de barro.
Una expresión cristiana citada constantemente: Polvo eres y en polvo te convertirás; nos remite automáticamente al peso que soporta la tierra al enterrar toda materia inútil, una sepultura donde la humanidad reposa prudente, estos espacios convertidos en cementerios históricos albergan bajo su cimientos una infinidad de encantos que ahora se transfiguran en extensos y soleados suelos. Barro, arena y polvo se adueñan de esos aposentos semejantes a catedrales degradados por el tiempo. Estas definiciones geográficas son el referente para Suárez y, en este contexto se desarrolla una pintura asignada de una realidad habilitada a su percepción.
Una cierta confabulación existe en cada fracción extendida por H. Suárez, se acerca con una observación absoluta e inmoviliza con deleite fragmentos de adobe para enfundarlos en una gama privada de colores. Se deja llevar por ligeros aires que recorren cada parte de esta ciudad prehispánica y, se nutre de este callado barro que por siglos aun se presencia un tenue cántico profano de seres que habitaron muy cerca a nuestra ciudad.

UNA PÁLIDA CASA ROJA


El horror al espacio ignoto de Paolo Vigo Borjas

¿Cuántas puertas hemos abierto en nuestras vidas? Cuando ingresamos a un hospital se nos estremece el cuerpo, pero cuando observamos la puerta entreabierta de una chica a oscuras en un burdel, los poros de la piel se llenan de cosquilleo, la luz rojiza y la penumbra del neón nos libera del espacio. Otras veces se abre la puerta para recibir a nuestra visita y nos llenamos de entusiasmo para otorgarle una buena recepción y, cuando se acerca nuestra suegra cerramos bruscamente la puerta. La manera de darle uso a esta pieza que convive a diario con la humanidad tiene su propio comportamiento.
En los inicios de la civilización se bastaba con una tranquera, al paso de los siglos se han atiborrado de arreglos decorosos y la distinción se fue otorgando a las bondades de la madera (caoba, cedro, roble, pino, etc.), entonces, empieza esa separación cualitativa que se arrastra en la instalación de lo habitable.
Empezaré en detallar los elementos que conforman esta exposición: cuatro puertas, cinco mamparas, una ventana, una mesa y cuatro sillas de paja sin respaldo. Objetos visibles que denotan una realidad matérica.
El fondo de la galería está dispuesta de una gama de grises colocando un acento rojo -puerta mampara-, matiza las demás piezas en color blanco para reparar el envejecimiento del tiempo y el uso. Se ha trastocado el elemento con la limpieza y la coloración blanquecina esconde la quejumbrosa naturalidad de estas piezas de madera. La suspensión en las paredes a partir de las bisagras permite una movilidad de abrir y cerrar a manera de zigzag. El vacío hallado entre los vidrios de las mamparas aterra al observador al no hallar nada, un escenario despojado, sin presencia de vida, una vacuidad al horror. Estos elementos sólidos y reales nos invita a conocer otros parajes, una especie de hallazgo desconocido, lugares ignotos que nos aterra a reconocer el pasado, el recogimiento de nuestros cuerpos a través de una entrada inválida. En este grupo se asoma una ventana discreta y furtiva, se distancia del grupo planteado, sin embargo se acerca como pieza de un conjunto habitable.
“…A veces pasan años antes de que el dueño de la casa se le ocurra abrir la puerta y, despejando el polvo y las telarañas, hacer recuento a sus olvidadas pertenencias.” De este modo grafica Viera Tyuleneva, la obra de P. Vigo.

El interés se deposita en la recuperación familiar de elementos que cohabitan entre nosotros, piezas que a diario concilian con el ser humano. El significado de nuestra especie permite el enlace con lo cotidiano y el recuerdo de mantener en nuestro almacén cognoscitivo escenas que pasan como una especie de cinemascope.
En definitiva, la presencia del calor familiar se instala en un acto instintivo, en una vivienda postiza e inventada, simulando un hogar, un espacio o sencillamente la privación del hombre.
Se puede estructurar todos los mecanismos plásticos, pero el objetivo radica en el recobro de la memoria; fotos pegadas en las puertas denuncia situaciones y vivencias experimentadas por el pintor.
Paolo Vigo mantiene una precariedad espacial sin embargo, se desliza cauteloso. Una violentada escena se desnuda frente al espectador e intenta desarrollar objetos prendidos en un espacio difícil y riguroso para plantear un manifiesto de instalación, en todo caso, las comparticiones se desvanecen, semejante a una pintura chata, sin volumen y carente de osadía al invadir un espacio dispuesto de muchas ventajas.
Esta muestra individual en la galería Impromptu de El Cultural, nos sugiere un cuadro y se distancia de la idea primaria de la instalación. Las puertas colocadas en cualquier espacio ya nos sugiere vitalidad y utilidad diaria, y el interés visual se diluye en lo planimétrico.
Se agotan los recursos, e inicia una tentativa que se deja aplastar por una iluminación primitiva y estática. La luz no solamente sirve para iluminar cada objeto, sino, tiene que poseer otros componentes comprometidos con el trabajo de “Casa Roja”. No es suficiente pegar y dejar a nuestros ojos la aventura visual que más bien hiere antes que el goce estético.
La idea principal de una Instalación, es decir, en el caso de Paolo Vigo se precipita y cae tentado por el improviso mediático. La rigurosidad espacial requiere del cuidado de los elementos en un escenario que distinga entre; pintura-objeto observador-creador. La confusión acaecida en “Casa Roja” palidece de sustancia visual.

Sin Pasaporte para un Artista


El Décimo Segundo Concurso de Artes Visuales de la Embajada de Francia en el Perú y la Alianza Francesa de Trujillo han tomado en cuenta nuestra ciudad para traer esta importante muestra de arte de ganadores y finalistas de este certamen nacional, es la primera oportunidad en llegar trabajos de esta contienda a Trujillo, anteriormente se realizaba una selección previa para luego concluirla en Lima, sin embargo los organizadores creyeron conveniente mostrar las diversas manifestaciones visuales de artistas de todo el país.
De los veinte expositores, José Luis Carranza ( Lima 1981), con estudios en la Escuela Nacional Autónoma de Bellas Artes del Perú, obtiene el primer lugar con dos pinturas frescas y de ejecución precisa, trazos firmes aligerados por el pigmento aceitoso toca la epidermis de la tela en encendidos tonos rojizos. Personajes con cierto tinte al comic se desenvuelven maquinalmente en escenas crueles y extrañas. “Marat Asesinado” alude a la obra de Gerard David en “la Muerte de Marat” periodista radical francés de El amigo del Pueblo, la escena de esta pintura donde Carlota Corday consuma el asesinato, se acerca en una emulación que permite recrear la anterior obra clásica. Mientras que en “Abel y Caín” los personajes desorientados por el llamado del altísimo no saben donde ubicarse. Este premio le permitirá estar tres meses en Francia, estadía que le beneficiará a este joven artista. -La viscosidad del óleo se asemeja de manera inquietante a los tejidos blandos de los heroicos padres bíblicos. Lujuriosos travestidos que se descomponen en su sueño más profundo y se mimetizan, al fin, con el vil caldo de hierbas y animales antediluvianos salidos de las mismísimas faldas de algún santo del divino Zurbarán - este texto hallado en el catálogo aclara una pintura desbordante y desequilibrante.
El segundo premio se otorga a Luis Torres Villar (Lima 1984), los dos importantes grabados de grandes dimensiones revela situaciones reales acontecidas en el Perú. El terremoto de Pisco es tratado con minucioso tratamiento en un conglomerado conjunto de carpas y viviendas completamente derruidas y, el abandono total en una desidia del estado se divisa la confusión de los afectados, el formato inusual de esta xilografía seduce al observador y la aplicación del entintado negro se extiende en el concepto lumínico, la parte calada de la madera aun libre por la ejecución de las gubias queda reforzada por la buena impresión de la matriz. En la serie generación de las machas, aun vive el recuerdo de este producto comestible que en años anteriores era una inagotable fuente económica en lo costa sur del Perú. De técnica apreciable, acude a textos con imágenes que sorprenden estos grabados de factura impecable.
Joanne Polo Villanueva (Lima 1986), la plastilina y la madera son los recursos para elaborar sus esculturas donde la reducción del color se orienta entre el negro y el amarillo. La idea de la muerte ronda en piezas congeladas y desarticuladas. Esta obra logra el tercer lugar en una lectura minimalista. -Se trata de pequeños escenarios donde conviven la realidad y la fantasía, la inocencia y la reflexión, la tragedia y el sarcasmo- este escrito reflexivo acompaña su trabajo.
El arequipeño Lucio Puma Ydme (1981) obtiene una mención honrosa con “Mudanza” y Origen del Pecado” ambas obras registran una pintura figurativa en connotadas posturas hieráticas. Una figuración entendida en la fragilidad humana y el deterioro de una lectura incomprensible.
Los trujillanos, Juan C. Alvarado Salvatierra (1978), Susana Aguilar Yauri (1980) y Leonardo M. Arroyo Carbajal (1984) llegaron como finalistas. El primero plantea “El duelo”, video en acto de riña y recursos visuales que adornan una solemnidad humana. Aguilar, persiste en la idea terrenal; preocupación plástica de pátinas y delicados fondos neutros. El acercamiento a los linderos de la materia que componen su trabajo se inunda de la naturaleza viva. Arroyo presenta en “Cincuentaiuno” y “Dama x Monstruo” los dos trabajos en técnica mixta se referencia al juego del ajedrez, tablero donde los personajes flotan inciertos gozando de una liberación y la particularidad del azar.
La instalación-video de Luis Ochoa Sarzo (Junín 1980), Objetos del Deseo / Pedazo de Cielo, establece una fórmula de porcentajes entre la felicidad, placer, alegría, satisfacción y paz, ese anhelo de complacer el alma se introduce en una oferta no visible, pero si soñadora.
Las fotografías de los arequipeños Raúl Chuqimia Ramos, Javier Spelucín Medina y la pintura de Darwin Acuña Jaén completan la participación de los sureños. Además tenemos al piurano Hugo Vásquez Aldana en una fotografía de descripciones cristianas. Alfonso Zavala se inclina por enfocar procesos folklóricos. Concluyen, José Velarde Mariscal, Daniel Vargas Rodríguez, Milton Miranda Francia, Aarón López Castro y José Bao Alonso.
La muestra de ganadores y de algunos finalistas, se supone se exhibirían en el Club Central, sin embargo nos hallamos con la sorpresa de estar cerrada la galería -las lluvias causaron ese malestar- , y el otro conjunto de obras se albergarían en la casa del Mayorazgo de Facalá del Banco Scotiabank, lamentablemente, jamás se pudo apreciar tales obras por estar constantemente cerradas las instalaciones y para el malestar de los trujillanos no se pudo apreciar en tu total dimensión.

No Lugar; Entre Espacios Ajenos


La Galería de Arte Raúl Joo Meléndez del Colegio de Arquitectos en Trujillo recientemente abierta al público con todas las exigencias que requiere un espacio destinado a las artes visuales, tiene como propósito albergar nuevas opciones bajo una supervisión controlada.

El colectivo conformado por Susana Aguilar, Gonzalo Fernández, Gulianna Holguín, Alice Vega, Crhistian Cruz y Armando Padilla, han elaborado una muestra colectiva donde la presencia fotográfica y la instalación se apodera de la propuesta denominada “No Lugar”. El recupero de escenas cotidianas y efímeras se trasluce en la captura de detalles que pasan inadvertidas. El mejor lugar para enfrentar la distancia entre un lugar y el individuo se concentra en los grandes recintos comerciales, así como escenarios donde la muchedumbre concurre de manera impersonal. En el caso de Susana Aguilar se zambulle a una cabina telefónica para explorar un mundo completamente desolado donde la comunicación muchas veces puede ser precaria como emotiva. Resuelve con ligeras inscripciones textos sueltos como: Son como 5 soles/ estoy llamando de cabina/ me falta pagar/hijita linda/ aló, aló/, al leer estos contenidos el diálogo se desvanece entre los cables y la inmediatez.
Gonzalo Fernández, encaja en su trabajo el bullicio del gentío y la práctica consumista en un lenguaje fotográfico, pone de manifiesto detalles de productos exigidos por una población cada vez más detallista. Al reemplazar lugares nos hace ver que el contacto humano se convierte en una rutina abrumadora. Guliana Holguín en “Espacio Nulo” video/instalación, se apresura en un trabajo precario donde la inscripción “Ahí guardé mis deseos, sueños, esperanzas… y se han esfumado” solamente es apetitoso de leer.
Alice Vega incluye en su proyecto a los visuales Crhistian Cruz y Armando Padilla. Determinan de este modo el trabajo: “Haciendo un lugar es un proyecto interactivo y reflexivo sobre los lugares y su gente, que a partir de perspectivas y miradas diferenciadas permite reconocer las distintas formas de relación entre ellos. Para desarrollar estas posibilidades, la fotografía concurre como una herramienta que genera un diálogo consecuente con nuestro tiempo y cultura, donde la visualidad impone su predominio irrefutable. La propuesta resuelve su difusión a través del entorno virtual, que propicia la participación irrestricta de quienes desde sus ámbitos de convivencia han generado un discurso visual sobre su espacio y tiempo”. Así describe la artista visual Alice Vega.
Espacios indiferentes son adueñados por este conjunto de creadores para enfocar lugares huérfanos de afectividad humana, sitios ausentes y de simple tránsito. La rutina y la neutralidad del hombre frente a los parajes y recintos urbanos se desvanecen en una existencia donde el alejamiento con el escenario se vuelve abúlico.

“Lima No Habitual” la aplastante y siempre bulliciosa Lima se apodera de quienes la habitan y, en ese transcurso la poderosa ciudad ejerce una importancia en un grupo de seis artistas afincados en la capital. Julia Salinas Sánchez en “Monumentos del olvido” plantea piezas urbanas como parte de una invención natural del hombre en rigor a su historia. El video de Julio Martínez Malqui, en “Un día”, nos muestra una nueva ciudad futurista, aseada y ordenada, el concepto vial y el tránsito peatonal se divisa magistralmente bajo un fondo “Straight live” Kodo With Isao Tomita. El guión y la animación fue realizada por el mismo autor y el apoyo de Pedro Mendoza. Mónica Miranda Rostaing en “Intervenciones callejeras” recupera la marginalidad en imágenes impresas sobre muros y con aplicaciones de pintura spray. El acierto de Elsa Valenzuela Bejarano, refiere que cada limeño es dueño de su propio lugar y, para eso ha tenido que graficar ángulos diversos. Marcelo Zevallos Rimondi, es más específico y detalla los extremos de convivencia en Ventanilla – Callao y los medios de transportes. Miguel Vallejo Sameshima, pormenoriza instrucciones para deambular por Lima en una lista básica de emergencias.
-Este proyecto colectivo reúne 6 propuestas que incursionan en el paisaje de distintos lugares de la ciudad de Lima; para su construcción ha sido necesario un recorrido por la ciudad y es a través de estos tránsitos, que se generaron nuevos vínculos con ella. Tomando como punto de partida los espacios más vistos, ofíciales, formales, iluminados, se busca conocer los espacios no oficiales, informales, oscuros de la ciudad, como una forma de evidenciar sus posibles diferencias o semejanzas, contribuyendo así a construir una ciudad menos fragmentada-. Así describe Rosa Benites G. de la segunda muestra colectiva realizada en la galería de Arte Joo Meléndez.

Los Grabados Epidérmicos de Juan Collantes

El grabado es una técnica que permite la multiplicidad de un original manteniendo la matriz para más adelante ejecutar otras impresiones. Cuando me refiero a grabados epidérmicos, preciso la superficie como el elemento que recoge la pintura para luego ser trasladada al soporte final. Juan Collantes Castañeda, realizó estudios en La Escuela de Bellas Artes de Dusseldorf (Alemania). Actualmente radica en Trujillo y ha instalado un taller donde desarrolla su trabajo de creación, así como la enseñanza de esta técnica en sus diversas variantes.
“Impresión y Expresión” es su tercera muestra individual en nuestra ciudad y se exhibe una sustanciosa selección de obras en la galería de arte Impromptu de El Cultural.
El principio del grabado radica en la impecabilidad de la impresión, es decir, el acabado final debe mantenerse limpio, notándose solamente el área registrada por la tinta. El trabajo de Collantes se orienta primordialmente en los efectos que origina las incisiones y la yuxtaposición de la pintura, las extensiones de planos superpuestos son franjas transparentes que permite observar lo que reposa debajo de las veladuras, de temas alejados de todo contexto académico. Tonos fuertes se adueñan de cuerpos indefinidos y de trazos hundidos por las gubias afiladas. La madera es la pieza fundamental donde reposa todo el trazado original, esta técnica de grabar en madera, denominada xilografía, es la que más utiliza Collantes, sin embargo, una aplicación mixta le permite resolver masas efectistas de color. Le saca provecho a cualquier superficie que le sugiera textura, incluso anda viendo trozos de madera en desuso para poder llevarlos al plano visual. Todo fragmento plano le permite una matriz maravillosa, no se deja endosar por la lisa y lustrosa madera cepillada, entiende que otros soportes le permitirán mayores riquezas ópticas, así como una impresión final diferente a la formal.
Busca a través de una técnica mixta mayores caprichos intentando acercarse a las bondades del aguafuerte y al de la aguatinta, pero su dedicación se resume a la madera y a los extremos que le pueda subrayar cada pieza tratada con las gubias.
El escenario de su trabajo es más confuso que las primeras obras, ahora, los personajes se pierden entre los fondos cruzados de líneas y una ajustada tintura de impresión. El contorno de las figuras ha quedado atrás y sobrevive una atmósfera cercana a densas abstracciones, este matorral de trazos funde la imagen principal saliendo un exquisito conjunto de pequeñas astillas coloreadas, alejándose de la xilografía tradicional, además el recurso de colores que aplica difiere al opaco y limitado grabado escolástico en madera. Asimismo, se complementa al modo del Taco Perdido, donde la coloración discute con la aplicación del óleo.
La contemplación de la pintura, la escultura y el grabado siempre han mantenido un alejamiento de ejecución. El Grabado como técnica utiliza una matriz y, por eso se le ha considerado un subproducto de la pintura. Otros afirman que, El Grabado por su calidad de ser múltiple en su tiraje, desplaza a las otras artes plásticas. Se puede ver la misma obra original de manera simultánea en diversos lugares; esto permite el Grabado. La pintura por ser única, sólo se aprecia en un determinado espacio.
Estas diferencias se quiebran cuando el espectador requiere de una gama de obras donde el significado aplasta toda contienda de elaboración plástica.

-Ha pasado algún tiempo desde la primera muestra que expuse en Trujillo. En serio que desde ese entonces, me he sentido un artista importante, a lo mejor el más importante, pues sentía que el público admiraba mi obra. Y eso que aún estaba estudiando. Pero luego me di cuenta que eso no era cierto, que todavía estaba en pañales y que el arte es una constante lucha, interminable, un largo camino por recorrer-. Así determina Juan Collantes sobre sus primeras experiencias.
Esta veintena de grabados que nos toca apreciar, escasamente observados en Trujillo, obras de calidad que se sacude de la pintura para mostrarnos simplemente una parte de lo que se puede realizar a partir de soportes inservibles y superficies maltratadas por la intemperie o por el uso cotidiano del hombre. Una obra que tiene mayores aceptaciones en otros continentes y que apertura una opción para ser arte, disciplina rigurosa que requiere de una dedicación permanente. Juan Collantes nos trae su trabajo para compartir ese silencio occidental que lleva por dentro, su alma mater y parte de su formación académica reposa en la Germania.
Su paso como docente en la escuela de bellas Artes de Trujillo, este año quedó inconclusa, una lástima por parte de esta institución académica al no asumir la seriedad que debe mantener como forjadora de futuros artistas.

La Reaparición del Crucificado

Corría el año 1976 y en las puertas del Diario La Industria de Trujillo el torero Fernando de la Cruz Gallardo realizaba un espectáculo intentando llamar la atención de la población, aprovechando su apellido “de la cruz” y vestido de torero se crucificó con ayuda de sus amigos. Este singular acto le permitió ganarse el titular “Crucificado pide torear”. Diez años le significó estar en los ruedos entre banderilleros y picadores.
Después de retirarse del toreo decide estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Trujillo el año de 1980 integrando el grupo Trez, conformado por Tito Monzón Goicochea y Manuel Pérez Vásquez (Mapeva), este trío irreverente siempre causó sinsabores entre los profesores de bellas artes por la incipiente formación académica y la falta de libertad en los claustros de la academia.
En 1985 viaja a Cali (Colombia) junto a su hermano Richie y se establece definitivamente hasta el día de hoy cambiando rotundamente la vida de novillero por la de artista.
Su estadía en tierras cafeteras le permite trabajar con su pintura en total libertad. Ahora, el recordado torero nacido en Cachicadán nos visita a Trujillo después de muchos años de ausencia, trayendo una importante muestra de sus obras en un total de doce trabajos. La Casa de la Emancipación acoge a este importante creador liberteño en un espacio reducido donde las obras pierden su total magnitud, lo más adecuado era la sala amplia del primer patio, estos detalles deberían tomar en cuenta al recibir a pintores de categoría.
La docena de trabajos expuestos se puede apreciar entre tintas y óleos de magistral factura donde el dibujo es el mejor aliado en temas que bordean la tauromaquia y la imagen conquistadora de los españoles ante una cultural animada por el Dios Sol.
Por instantes se refugia en los clásicos para recrear una pintura alegórica y sustanciosa, Andrea Mantegna y Rembrandt Van Rijn le sirven de inspiración para trastocar la serie de lecciones de anatomía de ambos pintores renacentistas, aprovecha este escenario para incluir imágenes con atuendo de saco y corbata. Con el buen manejo del dibujo bordea una pintura exquisita acompañada de un delineado preciso, acucioso y frenético. La soberbia en el tratamiento de la indumentaria metálica y cascos de personajes hispanos de barbas cenizas posan soberbios y melancólicos entre fondos jaspeados y sonoros. Como una gran tribulación los seres van extinguiéndose por espacios ignotos de penumbras y vacíos que nos lleva a confundir la figura principal con el violentado fondo.
El drama y el furor de la arena durante una corrida de toros se han trasladado a un soporte vivo al que el pintor ha sabido otorgarle con la experiencia de conocer la actitud bravía de los toros y la agilidad del torero en poses emblemáticas. Desde el matador hasta el banderillero divisamos una realidad exacta de una pintura que se nutre de aspectos occidentales afincados en América.
-Su obra colmada de sensibilidad e inteligencia, de dominio del color y de buen gusto, revela un artista que domina la composición, el color, la figura y el difícil sentido del espacio. Su obra total y actual es un acierto, está colmada de optimismo, calidad y amor por el arte. Al igual que sus compatriotas Armando Villegas, Herman Braun y Fernando de Szyszlo, Gallardo se proyecta con éxito internacional desde su nueva residencia en Cali.- Así observa el crítico de arte colombiano Leonel Estrada.
En la pintura “La Primavera” el rostro de una fémina trasluce entre hojas y pétalos de flor, veladuras frescas aligeradas por una ventisca de trazos airea una obra sincera. En “Banderillas al Violín” son dos obras que representan el mismo tema, una de ellas procesada con tinta y plumilla a modo de boceto y, la otra obra similar se desarrolla al óleo en una maestría absoluta, vemos la firme postura del torero y la banderilla que se introduce en el cuerpo del animal robusto y de cuernos descomunales. La respiración del toro es atrapado en primer plano y el jadeo se nota en las fosas nasales entreabiertas y pronunciadas.
Esta muestra de Fernando de la Cruz Gallardo vitaliza la pintura trujillana en una variante importante, considerando la distancia en que se desarrolla su obra.

LA INVENCIÓN DE LO DES(h)ECHABLE

Juan Chávez Alvarado expone en Impromptu, Galería de Arte de El Cultural, ésta su muestra individual denominada “Unlimited Party City”
Elementos frágiles y etéreos se ubican confortables en un escenario despejado por una iluminación austera. La distribución de las intervenciones visuales se despojan de todo ideario formal, más bien, le otorga holgura espacial, de ese modo, las figuras estáticas se alimentan de la luz dirigida al interés del objetivo.
Cuatro grupos conformado de formas ilimitadas se desprenden para observar cuerpos desechables, que, sin embargo, al unirse nos otorga un conjunto armonioso. La recuperación de lo descartable se nutre para que la escena no sea tan terrible, elementos que son utilizados como envolturas invade al ser humano en todas sus escalas, materias que forman parte del confort básico de piezas caseras, así como de objetos de consumo cotidiano.
La vacuidad que representa la envoltura dentro del empaque nos hace reflexionar que el hombre desplaza la naturalidad por el envase (botellas plásticas, poliestireno y otros tóxicos degradables).
Los materiales deberían reintegrarse a la naturaleza sin causar daño alguno, esa biodegrabilidad tiene sentido al exponer Juan Chávez una torre de botellas plásticas trasparentes e integradas unas de otras logrando una especie de tótem, ha desprendido el etiquetado de cada envase sirviéndose para sus propósitos “La sombra del agua”, instalación agrupada y enlazada por el pico y el fondo de cada grupo pegado. Una base a manera de soporte o piso adoquinado en fragmentos cuadrados de arcilla enfrenta la recuperación de la tierra con lo sintético, alude el espacio terrenal con el objeto inventado.
Por otro lado, seis urnas dispuestas en fila nos muestran en cuadriláteros de vidrio, piezas de lo que significa nuevamente el concepto vacío de estas partes utilitarias y a la vez despojadas de su utilidad. El uso termina cuando empieza a desbaratarse la envoltura, esa volatilidad -física- sin manera de utilización se pierde en la inutilidad. Trozos de soporte que en algún instante cumplieron un fin útil, ahora, se hallan desprovistas de toda importancia, solamente, Juan Chávez nos refresca el recupero de la memoria por estas imágenes transitorias y sin definición corporal. El encaje de estas piezas sobre otras piezas útiles se desvanece en las múltiples y morfológicas comodidades de objetos transportables y dirigidos a la adquisición del ser humano.
Frente a estas urnas tres planchas de tecnopor se suspenden delicadamente, imágenes caladas nos da la idea de órganos humanos, otras veces nos somete a ver espacios o vistas aéreas de mapas y cuadrantes de una ciudad distribuidas en calles semejantes al centro histórico de Trujillo.
El ingreso a la muestra Unlimited Party City, se halla un vestidor con una cortina oscura donde en su interior, un espejo apabullado de inscripciones de diversas marcas de ropa nos enceguece, sin embargo la fijación del hombre se lanza a elegir confortablemente cada detalle de lo que va a utilizar como prenda distintiva. Existe en este recinto la discusión por la elección de mayor difusión, una gratificación espiritual que conlleva a un consumo citadino alterando todo gusto personalizado.
Estas instalaciones compromete el día a día y enfrasca códigos permeables fáciles de toda tentación por lo visible.
Jean Paúl Zelada describe la obra de Chávez; “es una propuesta que apela a una sensación simple; el de la invocación del elemento ausente, de lo que alguna vez estuvo y ahora ya no está; el imaginarse la existencia de algo a través del vacío físico que ha dejado este objeto al desaparecer”.
La frontera entre lo físico y la pertenencia se diluye cuando deja de importar un objeto que sobrepasa el interés permanente, es la razón de esta muestra que intenta despertar la inutilidad del elemento y su paso violentado entre las manos del ser humano.

Las dimensiones de una escultura distante

Todo certamen artístico trae consigo ciertas consideraciones con respecto a las exigencias visuales de cada participante. El VI Salón y II Concurso Nacional de Escultura con sede en Trujillo viene atrayendo a diversos escultores del país en una atractiva contienda estética tridimensional, sin embargo cuando nos fijamos de las obras expuestas en los salones de la Casa de la Emancipación del Banco Continental, apreciamos una alterable calidad de trabajos en esta muestra. Aun no existe el rigor curatorial en expectorar esculturas que desnivelan este avanzado concurso. Si bien, tendríamos, que tolerar la escasa producción escultórica en nuestra ciudad, entonces; al menos, los organizadores deberían tener mucho cuidado en la colocación de las piezas donde la ventilación e iluminación favorece la instalación de este tipo de obras.
Para este segundo concurso nacional de escultura han considerado un solo premio y tres menciones honrosas. Ahora, la deliberación del primer premio no coincide con trabajos que superan toda premiación –las decisiones del jurado son inapelables- , es muy curiosa esta parte de las bases.
Angeline Barnadas B. (Mención honrosa), trae dos trabajos en metal forjado y parte de la estructura en soldadura discreta, elabora a partir de los cuerpos un armazón corpóreo integrado con objetos adicionales que complementan temas silenciosos agregados por la frialdad del metal, es muy persuasiva con la forma al detallar cada parte de la obra. La artista limeña utiliza fragmentos sin utilidad alguna para transformar en piezas ordinarias y, un tanto espectral, como el corsé de una prostituta y un niño paseante de triciclo llevando entre su canastilla un pequeño oso juguete.
Rolando Mogollón Lama. (finalista), plantea en “Escape” una observación estricta con la piedra granito, labra la dureza gris del material en una sensualidad ajena de aristas recreando parte de los volúmenes en zonas lustrosas y con cierto brillo controlado. La forma circular es interrumpida con ligeros quiebres laterales, esto enriquece la escultura otorgando a la obra un sentido cualitativo. Desde la base, donde reposa el trabajo de este escultor trujillano se divisa la seria propuesta.
Luis Arangurí, muy cercano a la morfología y estilización de su pintura, establece su propia configuración en el tratamiento de su fémina muy bien acabada en una pátina de bronce. De cuerpos agigantados y cráneo empequeñecido resuelve con respeto una figuración cuasi real. Altera la anatomía en un alargamiento de extremidades para coordinar con la postura manierista. La considerable masa corporal que aplica el artista trujillano en el cuerpo bronceado nos indica que la formalidad del dibujo se puede someter a la materia que la moldea.
“Preso en libertad” obra del cusqueño Edwin Huamán Huillca, una jaula ovalada resguarda dos piedras a modo de huevos y, la paja que conforma el nido es sustituido con filamentos de alambre, lastimosamente debería ser colgada para su mejor apreciación, estas limitaciones del montaje no deja que se aprecie este trabajo.
La otra mención honrosa entregada al trujillano Clemente Marín Ruiz es una talla en madera donde una pareja de enamorados se entrelazan en una representación figurativa, pliegues y cuerpos bien trabajados bajo las gurbias y la maleabilidad de la madera. Obra discreta resuelta sin mayores expectativas, sencillamente se deja llevar por el ejercicio del buen manejo de las herramientas.
La última mención honrosa a la trujillana Beatriz López Suárez, mantiene cierta salubridad académica, Tres mujeres que aluden a las Tres Marías se distorsionan con la resina y el texturado verdusco. Nada ha cambiado, insiste con la misma forma de hace años; un congelamiento dañino.
El piurano Manuel Silvestre, desmantela la madera e intenta acoplar una imagen reposada en un volumen forzado logrando acercase con dificultad. La factura de la escultura justifica ese intento de seducción visual.
Juan Alayo Noriega, María Gonzalez, y Javier Arriaga apelan al concepto prehispánico como recurso de expresión
El primer premio es para la escultura “Modulación del rostro” del trujillano Fernando Castillo Saucedo, este tallado sobre granito se ve invadido por planos rugosos así como de zonas pulidas. Una simplificación severa de una imagen que no logra hallar la forma.
Entre la escultura de Miguel Angel Velit Aguilar (Lima) “El arco del triunfo” dotado de una estructura metálica, descansa frágil incrustado en el laberinto de los metales y Mónica Moscol Cifuentes (Lima), plantea la actitud equina de una yegua a base de fibra de vidrio, resina y el color negro mate que se integra en esta escultura de grandes proporciones; ambas obras categorizan este segundo salón de escultura.
Los tacneños Alberto Ramos Palacios y Manuel Gutiérrez Villanueva pasan desapercibidos. Lo mismo sucede con Daniel Pineda Torre (Huaráz), una madera con intentos de talla. Los demás trujillanos como Alfredo Cuba Contreras, César Charcape, Luis Alvarez Vizarreta, Germán Cárdenas Joaquín, Elgar Linares Rengifo, Carolina Carranza Calvo, José Gallardo Sánchez, Christian Alfaro Sulca y Jorge Calderón Acosta, simplemente bordean en este concurso.
Enrique Barreto Montes (Lima) y Ángel Cuela Supo (Juliaca) concluyen sin lograr su cometido.

Graffiti; un Arte Oscuro y Clandestino?


Los datos recogidos sobre el graffiti se remonta a la década de los 60; entre miembros de bandas callejeras y políticos activistas, (USA. 1960), esta forma de expresarse se convierte en masivo por mucha gente que quería pronunciarse sin ser visto, una manera furtiva de graficar sobre soportes clandestinos. Pero, ¿cuándo surge el graffiti?, aparece una nueva imagen oscura y tímida entre los suburbios neoyorquinos, un chico de 17 años llamado Demetrius, de ascendencia griega y radicado en Washington Heights, -barrio de clase obrera en Manhattan-, empezó a escribir en las paredes, en autobuses, en lugares públicos y, sobre todo, en las estaciones de Metro.
El Spray y el rotulador se constituyen en armas de poder y el frenesí de este lenguaje caligráfico se apodera de espacios abandonados y escaparates insólitos. Desde siempre el graffiti ha convivido con la oscuridad y el silencio de la aceptación social, sin embargo la presencia de dibujos emblemáticos y signos reconocibles se elevan como el poder de la imagen en trazos rápidos y muy bien definidos. El aerosol es la herramienta fundamental y, por las noches a tientas y hurtadillas emergen de la aparente sordidez, personajes con esa carga explosiva de liberarse y entrar en acción, eso sí, con una presencia huidiza, evasiva y febril.
Un arte que va ganando terreno en los espectadores atónitos y sorprendidos por la enmarañada e intrigante forma de conspirar en los muros y ángulos intervenidos.
Se ha intentando dar explicaciones psicológicas sobre el graffiti y los resultados no son nada alentadores, se ha calificado de manera superficial de ser inconformista, inadaptada, rebeldía juvenil y antisocial, etc., puede existir muchos calificativos, lo cierto, es que se mantiene vivo, en cada pared o espacio prohibido observamos su marca, ese sello que identifica su presencia. Los graffiteros sitian la ciudad y se adueñan por las noches y, cuando la gente duerme, ellos laboran sigilosamente y se confunden entre la escasa luz y el olor de los aerosoles, una niebla de color se eleva entre muros gastados sin importar la perpetuidad del trabajo. El carácter efímero del graffiti se desprende de los conceptos artísticos académicos.

Graffiti en Trujillo
-Existimos y nos presentan como marginales porque nos cierran los espacios, dice un joven graffitero que cursa el primer ciclo en una universidad local. Otro de ellos manifiesta que se inició haciendo pintadas en las paredes abandonadas, “nunca intervine una casa sin permiso, siempre firmé y pinté en lugares marginales: al lado de un depósito de basura, o donde por lo general la gente hace sus necesidades biológicas”. Pero ahora, los espacios que utilizábamos, ahora sirven como paneles de propaganda política. Sinceramente, sentimos que son abusivos, lo que hacemos es arte urbano, termina diciendo una chiquilla que también usa las paredes para expresarse.

Todo esto a raíz del I Taller de Graffiti Ciudadano que organizó El Cultural, donde participaron 20 graffiteros trujillanos.
El Entes y El Pésimo, así se hacen llamar dos de los más conspicuos y reconocidos graffiteros del Perú. Sus verdaderos nombres son Joan Jiménez y Edwin Higuchi, quienes estuvieron en Trujillo para conducir la actividad que convocó a centenares de jóvenes que se reunieron en la segunda cuadra de la calle República de Brasil, una enorme pared cedida gentilmente por sus propietarios, el Club de Tiro Trujillo.
El Cultural ha iniciado una campaña a la que ha denominado CIVICULTURA, y que tomará el arte “marginal” como pretexto para sensibilizar a los jóvenes en ciudadanía. No es posible que los jóvenes estén furtivamente pintando propiedades públicas y privadas a escondidas y luego sean confundidos con delincuentes, pandilleros o gente de mal vivir. Para eso hemos organizado este primer taller, nos dice Carlos Méndez, Gerente Cultural de la Institución organizadora. Se trata de llamar la atención a las autoridades, a las instituciones estatales y otras empresas para plantearles el problema: existen personas que utilizan las paredes para intervenirlas, y no son personas al margen de la ley; que también los hay, es verdad, pero la mayoría, son grafitteros que saben lo que hacen y por qué lo hacen.-
“Graffiare” expresión italiana que nos acerca al concepto del garabato, por otro lado la intervención de muros le otorga un carácter popular por ser único en su género callejero, muchas veces bajo la diferencia de territorio y en otras por modalidad protestante. La acción violentada del tratamiento trae consigo transparencias y una densidad colorística que nos recuerda el Pop Art.
Mientras no se desprenda del espacio privado al que es sometido el graffti, mantendrá sus valores visuales camuflados. La prohibición lo mantiene activo y la magia caligráfica crece y se expande entre las grandes ciudades y cuando giremos la mirada, entonces, hallaremos una rápida firma gráfica entre paredes ruidosas y lugares extraños.

Encuentro de Artistas Visuales en Otusco


Las calles empinadas y empedradas es lo primero que recuerdo de Otusco durante mi primera visita. Tejados rojizos palidecidos por la intensidad del sol se elevaban entre apretadas y gastadas avenidas, también los aguaceros que se desatan durante épocas de lluvia, registra un pueblo eminentemente andino -sierra liberteña- .
Esta aventura de trasladar el arte citadino a parajes de altitud considerable se ha adueñado del fervor de Alfredo Melly Cava, Otuscano de nacimiento y de espíritu. El Estribo, casona colonial restaurada en pleno centro de esta ciudad se preparó para albergar este importante evento cultural, actitud que se mantendrá de modo consecutivo.
La postergación del arte en la periferia de las grandes ciudades, siempre va acompañada de un desgano colectivo, pero este aletargamiento debe sacudirse para dejar ingresar en nuestras retinas la importancia que tiene esta exposición de artes visuales. Otusco, siendo uno de los centros primordiales de nuestro territorio peruano, ahora se define como una opción a los diversos artistas de nuestro medio nacional. Con esta muestra se apertura una gama de acciones artísticas con el propósito de enaltecer esta tierra de paisajes fabulosos y de hombres ilustres.
Trasladarse de escenario cultural en nuestra región permite que las manifestaciones culturales se enriquezcan en las diversas provincias de La Libertad.
Otusco, ahora se constituye en nuestro interés por ser la zona andina más cerca de Trujillo, además, por la gran importancia religiosa y el peregrinaje dotado de innumerables fieles cada mes de diciembre. La Virgen de la Puerta, significa dentro del concepto religioso una de las actividades más favorables de nuestro departamento y, vemos llegar cada año una cantidad formidable de turistas y feligreses que aglomeran la ciudad convirtiéndola a Otusco; Capital de la Fe.
En estas circunstancias nace esta alternativa de convertir a Otusco en una luminaria cultural descentralizada y de permanencia artística, es decir, las diversas propuestas que nacen a partir de esta primera actividad, significa un reto fundamental en acercar a los visitantes en un público familiarizado con la cultura de nuestro país. Una responsabilidad que tiene este primer encuentro de artes visuales y de Alfredo Melly Cava, es la de mantener de manera permanente exposiciones de arte, presentaciones de libros, representaciones teatrales y expresiones musicales.
Los 17 artistas visuales que participan en esta invalorable etapa inicial mantienen un recorrido artístico profesional y una experiencia que sobrepasa toda frontera, enalteciendo con su presencia esta exposición colectiva en Otusco: Pío Ángel Muñoz, aun mantiene sus imágenes féminas bajo soleadas campiñas costeras y, una coloración encendida que comulga con el frenético temperamento de este experimentado creador. Víctor Montenegro Burga, inserta nuevos elementos móviles en espacios marinos, la insistencia de las antorchas y cometas identifica una particularidad aun transitoria. Manuel Miranda Parreño, no se inmuta de los cambios ajenos a su observación, sin embargo minucioso con su pintura. Carlos León Cruz, la transformación de la figura en una pieza casi escultórica se envuelve y se camufla sobre fondos neutros. Wilo Vargas Morales, con buen sentido de la línea, aborda filamentos de color para configurar la forma. Flor Loyola Yta, aun saludable con esa propuesta que no colma sus intereses. Tania Castro Fernández, sus personajes impresos sobre telas crudas han cambiado de lugar y ahora divisa el espacio a su antojo. Carolina Carranza Calvo, tentativa pero con aproximaciones plásticas. Luis Arangurí Carranza, dotado de un dibujo que le sirve mucho en sus nuevas estructuras morfológicas. Germán Villanueva Ruiz, inquieto, alarmante y honesto con su trabajo Alfredo Cuba Contreras, Kalimán es el más ingenuo del grupo y con una laboriosidad increíble que advierte la textura con buen ojo. Juan Collantes Castañeda, trae consigo un valioso aporte por los materiales y, la ejecución de su grabado queda marcada por la disciplina de esta técnica. Julio Ñiquen Cumpa, sublimiza sus personajes bajo un escenario candoroso y un esfumado que controla muy bien. Carlos Rodríguez Rodríguez, dedicado a la preparación de alumnos en talleres de arte, nos otorga sencillamente parte de su tierra, Otusco. Humberto Jiménez Medina, de trazos aligerados y de cuerpos flácidos categoriza figuras de apariencia frágil. Zuller Carrillo Esquivel, no recuerda donde queda su trabajo aun tentativo entre la neofiguración y la ejemplaridad de obras realistas. Pablo Ramírez Vega, el fulgor del color vive impregnado en la mirada de este pintor joven.
Como podemos apreciar Otusco es nuestra visita obligada durante todo este mes. El clima aun se mantiene en estado térmico y los casi 2600 metros de altura nos observa atento junto a la mirada de nuestro entrañable Teódulo (Toto) Gamboa Loyola.

EL TRÁNSITO DE GONZALO FERNÁNDEZ


El exterior incoloro reclama la fugacidad de la indumentaria escolar en la galería de arte “Azur” de la Alianza Francesa de Trujillo.

La uniformidad del color en la vestimenta escolar le permite explorar el color reducido del blanco y sus escalas tonales en escasos tintes grises. Una excusa donde la gama blanquecina recobra una importancia visual.
La reforma educativa definida por el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado, trajo consigo una escala horizontal con el uniforme único escolar. Este tema le atrae al pintor y empieza a recrear una diversa actitud plástica con la edad púber y sus componentes externos. Hay un interés en mostrar todo este ciclo indumentario que identifica parte del medio en el que habitamos. Por otro lado define el tema en horas de mayor circulación peatonal, concentrada en momentos donde estos personajes se desplazan atiborrados y apresurados por abordar el transporte del bus y, en ese tránsito Gonzalo los atrapa y los detalla con sus pormenores afectivos.
En la mayor parte de los cuadros reitera la imagen y los fracciona en detalles de simbología personal. Experiencia que él mismo tuvo que vivir.
La pintura “Sonido de piedra” se distribuye en una secuencia experimentada a través de espacios parcelados en escenas intrínsicas, un recorrido fascinante de seres que llevan consigo sus precariedades mentales. Piedras que se incrustan en cuerpos que recobran su expresión. El complemento desfragmentado de cuadros se exige en ser una sola pieza mixta. La variedad temática se enriquece en la múltiple manera de enfocar rutinas, a veces hallamos discordia entre uno y otro formato, sin embargo, la indumentaria se establece como el principal elemento y, eso permite condensar la idea esencial en el interno mental.
En cambio, “Camino a casa” es mucho más cercano a la idea escolar y los conflictos sociales, una niña suspendida se eleva desprotegida, pero otra niña mayor que la primera la conduce entre los vericuetos de las calles lleno de peligro. El horror en el rostro revela los temores citadinos. La calle y sus devaneos se instalan en este trabajo y aparece una penumbra fantasmal configurando la crisis de su entorno, una combi se asoma entre ellas y levemente se traslada en un conjunto de seres que ocupan esta móvil transgresora. También, un hombre pasea con un perro en una escena cotidiana observada a diario y, nuevamente el peligro acecha entre ambas niñas; una de rostro anónimo y la otra con definiciones cercenadas.
Saca provecho la idea del collage, es decir, una intervención ajena al pigmento se inserta entre la pasta del óleo y el tratamiento del color, un impreso pegado resuelve un rostro que nos conduce a la Mona Lisa y, lo recrea con sumo cuidado pronuciándose la trama del recurso extrapictórico. Las piedras que penden sobre la cabeza arrastra un periodo de Sentidos Comunes, esta mujer vestida de colegial emula las dos expresiones de la clásica sonrisa leonardesca, estos rostros postizos se sumergen en cuerpos nobles y primitivos. “Lisa de piedra” encarna vidas paralelas entre la ingenuidad y la liberación del atuendo gris.
Gonzalo Fernández se pronuncia en este texto personal; -El vestido gris se distingue en los colegios estatales; la educación y su atuendo en el Perú caminan jugando por alguna calle sin nombre y, observo cuando algunos niños juegan con sus vestiduras grises: parecen felices entre juegos y, en cada espacio un juego de canicas, otras veces el ampay de la carrera.
La simple realidad de la educación, es la simple educación compartida por todos quienes utilizamos un uniforme gris, una especie de pelotón en una marcha de campaña. En la educación existe mucha diferencia social, hay alumnos que en este tiempo ya no lo usan por simple distinción, utilizan el propuesto por la institución en la que estudian, pero sigue cumpliendo el mismo propósito-.
Esta muestra denominada “Exterior Interior” comparte dos escenarios en los ambientes de la galería de arte “Azur” de la Alianza Francesa de Trujillo. La primera sala se distribuye con telas y la que secunda, se apropia de una instalación que se pierde en la improvisación. Se deja llevar por elementos del día; sillas, zapatos y una mesa donde se sirven unas mazorcas de maíz seco. Ha trasladado figuras reales a un espacio distinto y nada ha cambiado. Ha suspendido las sillas tratando de engatuzarnos con la levedad del recinto. Una instalación que debería sepultarla para agregar la continuidad de sus pinturas, que es alli, donde tiene acierto con el tema extendido en el primer ambiente.
No es necesario que clarifique su condición de creador al tratar de complementar la pintura con objetos colocados sin criterio espacial. Además, es suficiente tratar de especular con su obra una condición educacional que viene desde la década de los 70.
El hábito no le hace al monge, el trapeado reclamado por este joven artista aun sigue siendo mental.
La realidad educativa exige otras normas más precisas y la vestimenta gris queda en nuestra memoria y los recuerdos vuelven a ser placenteros cuando recordamos a Tito juega con Dora, o la imagen de María Chucena techando su choza.

El silencio de los caídos


Entre tampones y zonas agujereadas por el calibre de las balas se presenta la muestra individual del artista plástico nacido en Huanta, Ayacucho; Christian Flores Saavedra. La galería de arte Impromptu de El Cultural acoge por segunda vez a este artista formado en la Facultad de Arte de la Universidad San Agustín de Arequipa. En el 2003 ya nos había visitado con un conjunto de trabajos impresos sobre soporte sintético denominado “Tú y Yo”, temas relacionados con la sexualidad.
“Ni Escenarios, Ni Víctimas, Ni culpables” es el nombre de trece obras en técnica mixta donde el espacio apunta a recuperar los momentos más crueles que le tocó vivir al Perú en la década de los ochenta y Christian Flores experimentó estos instantes oscuros. La propuesta clara y firme de su obra registra una no violencia en espacios sustanciosos, espaciales y de sosegada aplicación.
Haciendo memoria de aquel paro de 1977 que trajo como consecuencia la Asamblea Constituyente presidida por Víctor Raúl Haya de la Torre, se define la constitución de 1979 trayendo cambios sustanciales en la igualdad de la población y el voto de los analfabetos. Esta aparente restauración de la democracia en 1980 con Fernando Belaúnde Terry con promesas económicas inconclusas es violentada con la aparición de sendero luminoso encabezada por Abimael Guzmán profesor de filosofía de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga. El estado se declaró en emergencia y las fuerza militarse cometieron acciones indebidas violando los derechos humanos, ya todo era un caos. Quienes hemos vivido esos tiempos recordaremos con exalto de que no vuelva a repetirse este acto desmesurado.
Estos estragos acontecidos en las dos últimas décadas del siglo XX horrorizó al país cayendo 69,280 víctimas según el informa final de la comisión de la verdad.
-La actividad violenta que se vivió en Huanta, Ayacucho; lugar donde nací, denota la inspiración de una moda actual que no es pasajera, de una experiencia que pienso, pocos han vivido, y artistas mucho menos. Este suelo tiene muchas historias que confesar… Yo confieso ante Dios y ante ustedes hermanos, que lo que cuento es verdad… Estas obras, hacen una observación retrospectiva, desde los ojos ingenuos que vieron como juego lo que sucedía y que hoy sólo queda la mirada latente del que espera saber lo que le toca vivir.- Así confiesa el pintor Christian Flores respecto a la temática que sacudió la zona andina del Perú.
Los grandes espacios en la pintura de Flores reflexionan sobre acciones pasadas en una intervención de personajes indistintos, sin nombres y sin categoría familiar, simplemente queda el anonimato de seres sacrificados por las radiaciones nefastas del momento.
El estampado de la mosca es una constante en diversas pinturas donde el sello cumple la función del pigmento. Ha demarcado imágenes y armas con números y fechas intentando recordar el tiempo en que transcurrió estos acontecimientos, quiere hacer memoria de los días trágicos y no logra hallarlo, entonces, busca en personajes de tenue resolución y posturas solitarias esa separación cruda de una realidad que ahora solamente existe en el recuerdo.
Una lluvia de misiles miniaturizados caen sobre un hombre protegido de un paraguas, pero de nada le sirve, esos dardos polvorizados atraviesan todo cuerpo, por otro lado un contingente de hombres semidesnudos quieren romper la línea roja. Una pareja sentada desmemoriada está quieta, ya no quiere retroceder los hechos.
-Aquel espacio de desarrollo histórico circunscrito en un ámbito geográfico, es el que determina las coordenadas conceptuales en el planteamiento, la experiencia personal de atisbo autobiográfico, logra catapultar al espacio tangible algunos momentos olvidados en el vacío existencial de la población cercana a algunas de sus historias; lo anterior nos lleva a plantear que la posible indagación en lo olvidado saca a relucir verdades que en muchos de sus casos no es deseable conocer ó poner en conocimiento, para esto el condicionante poder funciona como elemento manipulador de la historia.- Es la apreciación del artista visual cusqueño Víctor Zúñiga Aedo.
Esta muestra de Christian Flores refresca lo acontecido bajo una propuesta calmada y con observaciones naturales, no ha intervenido el concepto original del tema, más bien, nos muestra una pintura fortalecida por su propia experiencia.