viernes, 27 de agosto de 2010

Poesía desde el jardín de Joan Louis Aponte


Todo se ha trasladado al encanto y mundo maravilloso de un enredado paisaje donde la vegetación no se deja violentar con la llegada del hombre. Hojas de plantas silvestres se extienden en coloraciones fantásticas y, entre el forzado follaje se anidan aves silenciosas a manera de guardianes de este intenso y colorido lugar.
Se percibe una maleza de tonalidades incandescentes donde los cuerpos de las vegetales y de tallos delgados, sostienen una peculiar forma de ornamentos donde descansan libres, otras veces inundan el formato saliéndose del cuadro. Por instantes se perciben diminutas avecillas y cuando escudriñamos con insistencia configuramos seres transformados en duendes, éstos, se ubican en un camuflaje de visibilidad caprichosa
- Es una nueva serie de óleos sobre lienzo, una constelación de figuras y colores de contrastes ilimitados donde no se comienza ni termina, así cada uno tiene su propio carácter, también, en armonía. Fueron creados desde mi estudio en Huanchaco donde pasé el invierno en compañía de mi computadora, café y tostadas, para componer la poesía hecha pintura-. Con estas palabras, Joan Louis afirma el proceso de estas obras.
El Colibrí, un ave que cobra importancia en estas pinturas de fondos acaramelados, las diversas estaciones colorísticas que se distingue en estos paisajes se convierten en el hábitat de frágiles y tiernos colibríes que andan dando vuelo entre hojas y flores, algunos extraen el néctar de las flores de este huerto delicioso.
Denominaciones candorosas como; Recolector de Esperanzas, Hojas para Primavera y El vuelo del Colibrí en mí Corazón, son títulos que determinan esta muestra Poesía desde el Jardín. Toda la espesura en una variante de verdes, otras veces anaranjado, se incluye entre un tacaño pigmento diluido como una sabana que cubre el fondo ajustado y de pinceladas quebradas.
Ciertos trazos contundentes acentúan la estructura de las planas y liberadas formas del vegetal. Quebradizos tallos salen de los laterales del cuadro, pero muchos de ellos emergen de la base. Una vista donde todo está suspendido, no se atisba la tierra como reposo de las plantas y, eso permite que el trabajo de Joan Louis quede sin gravedad.
Trece cuadros y un díptico suman esta muestra en un inapropiado montaje donde el cuidado en la distribución y la altitud de las obras desarticulan y afectan la observación. Se tiene que tener cuidado en este detalle, de lo contrario, la Alianza Francesa de Trujillo debería exigir a cada expositor el rigor de una curaduría. La galería de Arte Azur, mantiene una buena disposición espacial, así como de una iluminación adecuada, sin embargo, no se aprovecha de estas instalaciones apropiadas.
Joan Louis Aponte, después de haber obtenido el primer premio 2009 del concurso de pintura Pedro Azabache, trae consigo esta muestra individual instalado de una cierta personalidad, exigiendo en su obra una clara serie de obras de peculiar temática.
El sentido visual de este joven creador se afianza en su propia experiencia al contemplar con fascinación el paisaje y, el simple ejercicio de comulgar con la naturaleza para extraer de modo antojadizo una síntesis de la forma en elementos táctiles, el sabor y la respiración natural se concentra en colores salidos de cuentos mágicos. Se puede contabilizar las piezas que conforman el cuadro, incluso la actitud del colibrí en un escaso aleteo. Aprovecha la intensidad fiera del color y deja sobrevivir a sus habitantes de este bosque perdido, pero existente en el ideario del pintor, un escenario poblado de invención que recupera el espíritu ventilado de senderos concentrados en frescura y vida.
-Joan Louis, enérgico artista escapando de la infructuosa mimeticidad ha sabido aferrarse a la imprescindible sapiencia formal para crear su personal universo de imágenes tan suyas desde ya, donde el color dialoga mágica y sonoramente como nuestros ancestrales Sikus, apoderándose de las imágenes o más bien encontrando en ellas el espacio para sus resonancias, para el dialogo, para ese rojo frente a ese azul-. Es el escrito que vierte Juan Aponte sobre la obra de Joan Louis
La aplicación técnica queda reducida en manchas cortas y una iluminación que no tiene dirección pareciera que estuviese dirigida por luciérnagas escondidas entre pantanos y rastros de un aguacero. Una límpida escena despierta de las manos de Joan para ilustrar un invernadero en un jardín poético. Emociones que contrarrestan las razones, es la importancia fundamental en este grupo de pinturas.

martes, 24 de agosto de 2010

Pedro Azabache y sus discípulos en Europa


La presencia de Pedro Azabache y sus discípulos en Bélgica, registra la importancia de la pintura peruana en un escenario europeo donde se describe aun el arte peruano costumbrista como maravillosa y exótica. Sin embargo la experiencia de estos maestros ayuda a consolidar el arte trujillano en Europa.
Esta exposición está organizada por -Les Amitiés Belgo - Péruviennes, la ville de Mons y la Galerie Club Colonial de Huanchaco, Trujillo.

Indigenismo, una realidad mediática
La hispanidad se instala en el Perú a mediados del siglo XVI y, trae consigo una pintura occidental (óleo/lienzo). En la primera década de 1900 se establece una pintura de temática netamente costumbrista, es decir se recupera imágenes y paisajes de distintos territorios peruanos. Antes que esto sucediera la pintura estaba reflejada en la idea cristiana y el gusto de decorar las grandes iglesias católicas. Pintores italianos y españoles de tercera categoría llegaron al Perú colonial y realizaron una labor de encargo en los grandes recintos católicos, al término de sus trabajos y, sin percatarse que sus ayudantes indígenas habían logrado aprender el oficio de pintar, entonces, estos pintores peruanos mestizos introducen nuevos cánones en los cuerpos occidentalizados. La coloración de la piel y el trapeado va dirigido a una realidad medíatica -personajes de su entorno mismo- ya había empezado la independencia plástica en el arte peruano entre los años de 1687-1688 por artistas indígenas cusqueños, esto ratifica que los cambios pictóricos tienen antecedentes de liberación artística.
La idea de arte nacional en los artistas indigenistas se inicia con los problemas agrarios, donde el campesino fue hacinado a los campos y al arrebato de sus tierras, en estas condiciones y en el silencio se manifiesta una expresión a partir de sus herencias y cánticos de siglos. El color de la indumentaria y el de los cultivos se impregnan de sabor propio, en este contexto se desarrolla un arte popular y salen de sus manos creadoras elementos artesanales con formas que involucra su mundo particular.
Así se iba afirmando un arte verdaderamente nacional, que años más tarde recogería con criterio José Sabogal. Las ansias de peruanidad se esforzaban en revelar cada rincón olvidado, personajes y paisajes inéditos emergen en lienzos para luego ser expuestos en galerías urbanas. El esfuerzo de la pintura indigenista en relación a la práctica oficial del arte académico ganaba terreno y se acogían pintores en diferentes partes del país.
El Postulado de José Sabogal en reivindicar la zona andina del Perú se concentra en plantear en sus telas la vida cotidiana y el fervor popular de escenarios jamás vistos por la población citadina. Sabogal se convierte en el precursor de una nueva corriente pictórica denominada “Indigenismo”, coincidentemente en todo el escenario latinoamericano.
Los Muralistas mexicanos ( Rivera, Orozco, Siqueiros) y la presencia de los brasileños; Portinari, Cavalcanti y T. Do Amaral enriquecen este nuevo movimiento ansioso de autentificar un pasado rico en magia e historia.
Después de la imagen de J. Sabogal se vienen los artistas independientes entre los años de 1945-46, donde le dan un giro más conceptual, sin embargo persiste el mismo lenguaje iniciático.
La presencia de Pedro Azabache en el norte del Perú se consolida como el pintor más importante en mantener los postulados de Sabogal (maestro de Azabache en la Escuela de Arte de Lima). La creación de la Escuela de Bellas Artes en Trujillo por el pintor Azabache cambia la pintura en esta zona norte del país, por su taller pasan diversos alumnos que hoy en día mantienen con salubridad este contexto indigenista. Los temas han variado, los personajes y paisajes pletóricos del mundo costeño pueblan lienzos con escenas de pescadores y costumbres netamente propios. La persistencia de estos artistas discípulos del maestro Azabache: Pío Ángel, Eduardo Urquiaga, Demetrio Saldaña y Víctor Montenegro, heredan una expresión popular manifestada en sus obras donde el color reclama esa candidez y el mágico mundo de donde ellos pertenecen.
La idea de peruanidad no radica en plantear la vitalidad del tema, más bien, existe una dosis de personalidad y una autenticidad que intenta establecerse como parte de una nación producto de la historia a la que no niega sus influencias ajenas. Esta corriente de un concepto más contemporáneo está expresada por artistas recientes como Rómulo Azabache, Pedro Anhuamán Gordillo, Juan Aponte, Isabel Rodriguez y otros.
El concurso de pintura “Pedro Azabache”, también es un aporte fundamental en mantener viva esta manifestación plástica costumbrista. Cada año vemos desfilar jóvenes artistas en busca de este preciado premio que involucra como escenario la campiña de Moche y el legado pictórico del maestro P. Azabache. La persistencia en mantener el lazo prehispánico con la modernidad, se concentra en este territorio Moche.
Esta muestra codifica una pintura paralela a otras opciones modernas dentro del ámbito histórico del arte peruano. La vigencia del indigenismo contiene el pensamiento natural de la vida cotidiana tal como se aprecian en estas obras expuestas en el viejo continente.

Héctor Suárez y sus visiones de Chan Chan


Chan Chan es contemplado con cierto interés histórico considerando el recupero arquitectónico de sus partes, por siglos esta majestuosa ciudadela enclavada a orillas de nuestra costa se manifiesta solitaria y lejana al barullo de la gran urbe. Antenor Orrego comentaba sobre sus constantes visitas a este lugar con César Vallejo, llevando consigo vino y bizcochos, perdiéndose entre los vericuetos de oscuro barro. A posteriori, José Eulogio Garrido se vuelve un asiduo visitante de este terreno añejo y polvoriento, pareciera que un cierto encanto se guardara entre estos muros y frisos de magnífica construcción.
La Alianza Francesa de Trujillo alberga esta exposición donde la esencia de esta muestra se complementa con la obra poética de José Eulogio Garrrido en “Visiones de Chan Chan”, título elegido por Héctor Suárez para esta selección de trabajos donde los recintos amurallados de adobe se compenetran con la naturaleza. El escenario desolado donde pirámides truncas yerguen deshabitadas bajo un cielo quebrado, otras veces desnudo. El contraste de las comparticiones y edificios se integran a la tierra en coloraciones reflejadas por la cercanía al mar.
La importancia de este trabajo radica en la frenética oscilación de los espacios terrosos y su permanente traslado de los puntos de fuga en un espacio que se enriquece de una vista aérea. Los diversos niveles de perspectiva se divisan desde lo alto de las murallas para rescatar la proyección de suelos invadidos por una luz tenue de la tarde y la brillantez de la noche sobre bloques ocres.
Cuadros de mediano formato recogen fragmentos poco vistosos, dejando de lado la imagen manida del conocido Chan Chan, la periferia a los centros de adoración se convierten en luminosos y pequeños santuarios donde el paisaje inundado de barro recupera su vitalidad. Una cierta energía despide cada detalle de las tapias y un acicalado tratamiento del temple le asegura una pintura chata y de escasa textura.
La pintura de Suárez recoge estos parajes agonizados por la intemperie -saqueada y destruida por los Incas (se postula)-, cada rincón de esta ciudadela mantiene una iluminación fantástica, incluso aprovecha la luminaria espacial para insertar un inventado color de murallas. Los diversos ángulos perspécticos enriquecen una pintura dotada de valores históricos en una obra que comulga con la expresión de Eulogio Garrido al pormenorizar con sigilo muros desgastados por el tiempo.
En ambos ambientes de la galería Azur se distribuye equilibradamente discretos trabajos que sin necesidad de apelar a la invención de temas, sencillamente recurren a un escenario que le es familiar, esa cercanía cotidiana que en algún momento le permitió comprender el vasto ejemplo de la cultura peruana para expresarse en una serie de pinturas que cuidadosamente ha sabido elegir entre el dificultoso rincón de esta gran ciudad de barro.
Una expresión cristiana citada constantemente: Polvo eres y en polvo te convertirás; nos remite automáticamente al peso que soporta la tierra al enterrar toda materia inútil, una sepultura donde la humanidad reposa prudente, estos espacios convertidos en cementerios históricos albergan bajo su cimientos una infinidad de encantos que ahora se transfiguran en extensos y soleados suelos. Barro, arena y polvo se adueñan de esos aposentos semejantes a catedrales degradados por el tiempo. Estas definiciones geográficas son el referente para Suárez y, en este contexto se desarrolla una pintura asignada de una realidad habilitada a su percepción.
Una cierta confabulación existe en cada fracción extendida por H. Suárez, se acerca con una observación absoluta e inmoviliza con deleite fragmentos de adobe para enfundarlos en una gama privada de colores. Se deja llevar por ligeros aires que recorren cada parte de esta ciudad prehispánica y, se nutre de este callado barro que por siglos aun se presencia un tenue cántico profano de seres que habitaron muy cerca a nuestra ciudad.

UNA PÁLIDA CASA ROJA


El horror al espacio ignoto de Paolo Vigo Borjas

¿Cuántas puertas hemos abierto en nuestras vidas? Cuando ingresamos a un hospital se nos estremece el cuerpo, pero cuando observamos la puerta entreabierta de una chica a oscuras en un burdel, los poros de la piel se llenan de cosquilleo, la luz rojiza y la penumbra del neón nos libera del espacio. Otras veces se abre la puerta para recibir a nuestra visita y nos llenamos de entusiasmo para otorgarle una buena recepción y, cuando se acerca nuestra suegra cerramos bruscamente la puerta. La manera de darle uso a esta pieza que convive a diario con la humanidad tiene su propio comportamiento.
En los inicios de la civilización se bastaba con una tranquera, al paso de los siglos se han atiborrado de arreglos decorosos y la distinción se fue otorgando a las bondades de la madera (caoba, cedro, roble, pino, etc.), entonces, empieza esa separación cualitativa que se arrastra en la instalación de lo habitable.
Empezaré en detallar los elementos que conforman esta exposición: cuatro puertas, cinco mamparas, una ventana, una mesa y cuatro sillas de paja sin respaldo. Objetos visibles que denotan una realidad matérica.
El fondo de la galería está dispuesta de una gama de grises colocando un acento rojo -puerta mampara-, matiza las demás piezas en color blanco para reparar el envejecimiento del tiempo y el uso. Se ha trastocado el elemento con la limpieza y la coloración blanquecina esconde la quejumbrosa naturalidad de estas piezas de madera. La suspensión en las paredes a partir de las bisagras permite una movilidad de abrir y cerrar a manera de zigzag. El vacío hallado entre los vidrios de las mamparas aterra al observador al no hallar nada, un escenario despojado, sin presencia de vida, una vacuidad al horror. Estos elementos sólidos y reales nos invita a conocer otros parajes, una especie de hallazgo desconocido, lugares ignotos que nos aterra a reconocer el pasado, el recogimiento de nuestros cuerpos a través de una entrada inválida. En este grupo se asoma una ventana discreta y furtiva, se distancia del grupo planteado, sin embargo se acerca como pieza de un conjunto habitable.
“…A veces pasan años antes de que el dueño de la casa se le ocurra abrir la puerta y, despejando el polvo y las telarañas, hacer recuento a sus olvidadas pertenencias.” De este modo grafica Viera Tyuleneva, la obra de P. Vigo.

El interés se deposita en la recuperación familiar de elementos que cohabitan entre nosotros, piezas que a diario concilian con el ser humano. El significado de nuestra especie permite el enlace con lo cotidiano y el recuerdo de mantener en nuestro almacén cognoscitivo escenas que pasan como una especie de cinemascope.
En definitiva, la presencia del calor familiar se instala en un acto instintivo, en una vivienda postiza e inventada, simulando un hogar, un espacio o sencillamente la privación del hombre.
Se puede estructurar todos los mecanismos plásticos, pero el objetivo radica en el recobro de la memoria; fotos pegadas en las puertas denuncia situaciones y vivencias experimentadas por el pintor.
Paolo Vigo mantiene una precariedad espacial sin embargo, se desliza cauteloso. Una violentada escena se desnuda frente al espectador e intenta desarrollar objetos prendidos en un espacio difícil y riguroso para plantear un manifiesto de instalación, en todo caso, las comparticiones se desvanecen, semejante a una pintura chata, sin volumen y carente de osadía al invadir un espacio dispuesto de muchas ventajas.
Esta muestra individual en la galería Impromptu de El Cultural, nos sugiere un cuadro y se distancia de la idea primaria de la instalación. Las puertas colocadas en cualquier espacio ya nos sugiere vitalidad y utilidad diaria, y el interés visual se diluye en lo planimétrico.
Se agotan los recursos, e inicia una tentativa que se deja aplastar por una iluminación primitiva y estática. La luz no solamente sirve para iluminar cada objeto, sino, tiene que poseer otros componentes comprometidos con el trabajo de “Casa Roja”. No es suficiente pegar y dejar a nuestros ojos la aventura visual que más bien hiere antes que el goce estético.
La idea principal de una Instalación, es decir, en el caso de Paolo Vigo se precipita y cae tentado por el improviso mediático. La rigurosidad espacial requiere del cuidado de los elementos en un escenario que distinga entre; pintura-objeto observador-creador. La confusión acaecida en “Casa Roja” palidece de sustancia visual.

Sin Pasaporte para un Artista


El Décimo Segundo Concurso de Artes Visuales de la Embajada de Francia en el Perú y la Alianza Francesa de Trujillo han tomado en cuenta nuestra ciudad para traer esta importante muestra de arte de ganadores y finalistas de este certamen nacional, es la primera oportunidad en llegar trabajos de esta contienda a Trujillo, anteriormente se realizaba una selección previa para luego concluirla en Lima, sin embargo los organizadores creyeron conveniente mostrar las diversas manifestaciones visuales de artistas de todo el país.
De los veinte expositores, José Luis Carranza ( Lima 1981), con estudios en la Escuela Nacional Autónoma de Bellas Artes del Perú, obtiene el primer lugar con dos pinturas frescas y de ejecución precisa, trazos firmes aligerados por el pigmento aceitoso toca la epidermis de la tela en encendidos tonos rojizos. Personajes con cierto tinte al comic se desenvuelven maquinalmente en escenas crueles y extrañas. “Marat Asesinado” alude a la obra de Gerard David en “la Muerte de Marat” periodista radical francés de El amigo del Pueblo, la escena de esta pintura donde Carlota Corday consuma el asesinato, se acerca en una emulación que permite recrear la anterior obra clásica. Mientras que en “Abel y Caín” los personajes desorientados por el llamado del altísimo no saben donde ubicarse. Este premio le permitirá estar tres meses en Francia, estadía que le beneficiará a este joven artista. -La viscosidad del óleo se asemeja de manera inquietante a los tejidos blandos de los heroicos padres bíblicos. Lujuriosos travestidos que se descomponen en su sueño más profundo y se mimetizan, al fin, con el vil caldo de hierbas y animales antediluvianos salidos de las mismísimas faldas de algún santo del divino Zurbarán - este texto hallado en el catálogo aclara una pintura desbordante y desequilibrante.
El segundo premio se otorga a Luis Torres Villar (Lima 1984), los dos importantes grabados de grandes dimensiones revela situaciones reales acontecidas en el Perú. El terremoto de Pisco es tratado con minucioso tratamiento en un conglomerado conjunto de carpas y viviendas completamente derruidas y, el abandono total en una desidia del estado se divisa la confusión de los afectados, el formato inusual de esta xilografía seduce al observador y la aplicación del entintado negro se extiende en el concepto lumínico, la parte calada de la madera aun libre por la ejecución de las gubias queda reforzada por la buena impresión de la matriz. En la serie generación de las machas, aun vive el recuerdo de este producto comestible que en años anteriores era una inagotable fuente económica en lo costa sur del Perú. De técnica apreciable, acude a textos con imágenes que sorprenden estos grabados de factura impecable.
Joanne Polo Villanueva (Lima 1986), la plastilina y la madera son los recursos para elaborar sus esculturas donde la reducción del color se orienta entre el negro y el amarillo. La idea de la muerte ronda en piezas congeladas y desarticuladas. Esta obra logra el tercer lugar en una lectura minimalista. -Se trata de pequeños escenarios donde conviven la realidad y la fantasía, la inocencia y la reflexión, la tragedia y el sarcasmo- este escrito reflexivo acompaña su trabajo.
El arequipeño Lucio Puma Ydme (1981) obtiene una mención honrosa con “Mudanza” y Origen del Pecado” ambas obras registran una pintura figurativa en connotadas posturas hieráticas. Una figuración entendida en la fragilidad humana y el deterioro de una lectura incomprensible.
Los trujillanos, Juan C. Alvarado Salvatierra (1978), Susana Aguilar Yauri (1980) y Leonardo M. Arroyo Carbajal (1984) llegaron como finalistas. El primero plantea “El duelo”, video en acto de riña y recursos visuales que adornan una solemnidad humana. Aguilar, persiste en la idea terrenal; preocupación plástica de pátinas y delicados fondos neutros. El acercamiento a los linderos de la materia que componen su trabajo se inunda de la naturaleza viva. Arroyo presenta en “Cincuentaiuno” y “Dama x Monstruo” los dos trabajos en técnica mixta se referencia al juego del ajedrez, tablero donde los personajes flotan inciertos gozando de una liberación y la particularidad del azar.
La instalación-video de Luis Ochoa Sarzo (Junín 1980), Objetos del Deseo / Pedazo de Cielo, establece una fórmula de porcentajes entre la felicidad, placer, alegría, satisfacción y paz, ese anhelo de complacer el alma se introduce en una oferta no visible, pero si soñadora.
Las fotografías de los arequipeños Raúl Chuqimia Ramos, Javier Spelucín Medina y la pintura de Darwin Acuña Jaén completan la participación de los sureños. Además tenemos al piurano Hugo Vásquez Aldana en una fotografía de descripciones cristianas. Alfonso Zavala se inclina por enfocar procesos folklóricos. Concluyen, José Velarde Mariscal, Daniel Vargas Rodríguez, Milton Miranda Francia, Aarón López Castro y José Bao Alonso.
La muestra de ganadores y de algunos finalistas, se supone se exhibirían en el Club Central, sin embargo nos hallamos con la sorpresa de estar cerrada la galería -las lluvias causaron ese malestar- , y el otro conjunto de obras se albergarían en la casa del Mayorazgo de Facalá del Banco Scotiabank, lamentablemente, jamás se pudo apreciar tales obras por estar constantemente cerradas las instalaciones y para el malestar de los trujillanos no se pudo apreciar en tu total dimensión.

No Lugar; Entre Espacios Ajenos


La Galería de Arte Raúl Joo Meléndez del Colegio de Arquitectos en Trujillo recientemente abierta al público con todas las exigencias que requiere un espacio destinado a las artes visuales, tiene como propósito albergar nuevas opciones bajo una supervisión controlada.

El colectivo conformado por Susana Aguilar, Gonzalo Fernández, Gulianna Holguín, Alice Vega, Crhistian Cruz y Armando Padilla, han elaborado una muestra colectiva donde la presencia fotográfica y la instalación se apodera de la propuesta denominada “No Lugar”. El recupero de escenas cotidianas y efímeras se trasluce en la captura de detalles que pasan inadvertidas. El mejor lugar para enfrentar la distancia entre un lugar y el individuo se concentra en los grandes recintos comerciales, así como escenarios donde la muchedumbre concurre de manera impersonal. En el caso de Susana Aguilar se zambulle a una cabina telefónica para explorar un mundo completamente desolado donde la comunicación muchas veces puede ser precaria como emotiva. Resuelve con ligeras inscripciones textos sueltos como: Son como 5 soles/ estoy llamando de cabina/ me falta pagar/hijita linda/ aló, aló/, al leer estos contenidos el diálogo se desvanece entre los cables y la inmediatez.
Gonzalo Fernández, encaja en su trabajo el bullicio del gentío y la práctica consumista en un lenguaje fotográfico, pone de manifiesto detalles de productos exigidos por una población cada vez más detallista. Al reemplazar lugares nos hace ver que el contacto humano se convierte en una rutina abrumadora. Guliana Holguín en “Espacio Nulo” video/instalación, se apresura en un trabajo precario donde la inscripción “Ahí guardé mis deseos, sueños, esperanzas… y se han esfumado” solamente es apetitoso de leer.
Alice Vega incluye en su proyecto a los visuales Crhistian Cruz y Armando Padilla. Determinan de este modo el trabajo: “Haciendo un lugar es un proyecto interactivo y reflexivo sobre los lugares y su gente, que a partir de perspectivas y miradas diferenciadas permite reconocer las distintas formas de relación entre ellos. Para desarrollar estas posibilidades, la fotografía concurre como una herramienta que genera un diálogo consecuente con nuestro tiempo y cultura, donde la visualidad impone su predominio irrefutable. La propuesta resuelve su difusión a través del entorno virtual, que propicia la participación irrestricta de quienes desde sus ámbitos de convivencia han generado un discurso visual sobre su espacio y tiempo”. Así describe la artista visual Alice Vega.
Espacios indiferentes son adueñados por este conjunto de creadores para enfocar lugares huérfanos de afectividad humana, sitios ausentes y de simple tránsito. La rutina y la neutralidad del hombre frente a los parajes y recintos urbanos se desvanecen en una existencia donde el alejamiento con el escenario se vuelve abúlico.

“Lima No Habitual” la aplastante y siempre bulliciosa Lima se apodera de quienes la habitan y, en ese transcurso la poderosa ciudad ejerce una importancia en un grupo de seis artistas afincados en la capital. Julia Salinas Sánchez en “Monumentos del olvido” plantea piezas urbanas como parte de una invención natural del hombre en rigor a su historia. El video de Julio Martínez Malqui, en “Un día”, nos muestra una nueva ciudad futurista, aseada y ordenada, el concepto vial y el tránsito peatonal se divisa magistralmente bajo un fondo “Straight live” Kodo With Isao Tomita. El guión y la animación fue realizada por el mismo autor y el apoyo de Pedro Mendoza. Mónica Miranda Rostaing en “Intervenciones callejeras” recupera la marginalidad en imágenes impresas sobre muros y con aplicaciones de pintura spray. El acierto de Elsa Valenzuela Bejarano, refiere que cada limeño es dueño de su propio lugar y, para eso ha tenido que graficar ángulos diversos. Marcelo Zevallos Rimondi, es más específico y detalla los extremos de convivencia en Ventanilla – Callao y los medios de transportes. Miguel Vallejo Sameshima, pormenoriza instrucciones para deambular por Lima en una lista básica de emergencias.
-Este proyecto colectivo reúne 6 propuestas que incursionan en el paisaje de distintos lugares de la ciudad de Lima; para su construcción ha sido necesario un recorrido por la ciudad y es a través de estos tránsitos, que se generaron nuevos vínculos con ella. Tomando como punto de partida los espacios más vistos, ofíciales, formales, iluminados, se busca conocer los espacios no oficiales, informales, oscuros de la ciudad, como una forma de evidenciar sus posibles diferencias o semejanzas, contribuyendo así a construir una ciudad menos fragmentada-. Así describe Rosa Benites G. de la segunda muestra colectiva realizada en la galería de Arte Joo Meléndez.

Los Grabados Epidérmicos de Juan Collantes

El grabado es una técnica que permite la multiplicidad de un original manteniendo la matriz para más adelante ejecutar otras impresiones. Cuando me refiero a grabados epidérmicos, preciso la superficie como el elemento que recoge la pintura para luego ser trasladada al soporte final. Juan Collantes Castañeda, realizó estudios en La Escuela de Bellas Artes de Dusseldorf (Alemania). Actualmente radica en Trujillo y ha instalado un taller donde desarrolla su trabajo de creación, así como la enseñanza de esta técnica en sus diversas variantes.
“Impresión y Expresión” es su tercera muestra individual en nuestra ciudad y se exhibe una sustanciosa selección de obras en la galería de arte Impromptu de El Cultural.
El principio del grabado radica en la impecabilidad de la impresión, es decir, el acabado final debe mantenerse limpio, notándose solamente el área registrada por la tinta. El trabajo de Collantes se orienta primordialmente en los efectos que origina las incisiones y la yuxtaposición de la pintura, las extensiones de planos superpuestos son franjas transparentes que permite observar lo que reposa debajo de las veladuras, de temas alejados de todo contexto académico. Tonos fuertes se adueñan de cuerpos indefinidos y de trazos hundidos por las gubias afiladas. La madera es la pieza fundamental donde reposa todo el trazado original, esta técnica de grabar en madera, denominada xilografía, es la que más utiliza Collantes, sin embargo, una aplicación mixta le permite resolver masas efectistas de color. Le saca provecho a cualquier superficie que le sugiera textura, incluso anda viendo trozos de madera en desuso para poder llevarlos al plano visual. Todo fragmento plano le permite una matriz maravillosa, no se deja endosar por la lisa y lustrosa madera cepillada, entiende que otros soportes le permitirán mayores riquezas ópticas, así como una impresión final diferente a la formal.
Busca a través de una técnica mixta mayores caprichos intentando acercarse a las bondades del aguafuerte y al de la aguatinta, pero su dedicación se resume a la madera y a los extremos que le pueda subrayar cada pieza tratada con las gubias.
El escenario de su trabajo es más confuso que las primeras obras, ahora, los personajes se pierden entre los fondos cruzados de líneas y una ajustada tintura de impresión. El contorno de las figuras ha quedado atrás y sobrevive una atmósfera cercana a densas abstracciones, este matorral de trazos funde la imagen principal saliendo un exquisito conjunto de pequeñas astillas coloreadas, alejándose de la xilografía tradicional, además el recurso de colores que aplica difiere al opaco y limitado grabado escolástico en madera. Asimismo, se complementa al modo del Taco Perdido, donde la coloración discute con la aplicación del óleo.
La contemplación de la pintura, la escultura y el grabado siempre han mantenido un alejamiento de ejecución. El Grabado como técnica utiliza una matriz y, por eso se le ha considerado un subproducto de la pintura. Otros afirman que, El Grabado por su calidad de ser múltiple en su tiraje, desplaza a las otras artes plásticas. Se puede ver la misma obra original de manera simultánea en diversos lugares; esto permite el Grabado. La pintura por ser única, sólo se aprecia en un determinado espacio.
Estas diferencias se quiebran cuando el espectador requiere de una gama de obras donde el significado aplasta toda contienda de elaboración plástica.

-Ha pasado algún tiempo desde la primera muestra que expuse en Trujillo. En serio que desde ese entonces, me he sentido un artista importante, a lo mejor el más importante, pues sentía que el público admiraba mi obra. Y eso que aún estaba estudiando. Pero luego me di cuenta que eso no era cierto, que todavía estaba en pañales y que el arte es una constante lucha, interminable, un largo camino por recorrer-. Así determina Juan Collantes sobre sus primeras experiencias.
Esta veintena de grabados que nos toca apreciar, escasamente observados en Trujillo, obras de calidad que se sacude de la pintura para mostrarnos simplemente una parte de lo que se puede realizar a partir de soportes inservibles y superficies maltratadas por la intemperie o por el uso cotidiano del hombre. Una obra que tiene mayores aceptaciones en otros continentes y que apertura una opción para ser arte, disciplina rigurosa que requiere de una dedicación permanente. Juan Collantes nos trae su trabajo para compartir ese silencio occidental que lleva por dentro, su alma mater y parte de su formación académica reposa en la Germania.
Su paso como docente en la escuela de bellas Artes de Trujillo, este año quedó inconclusa, una lástima por parte de esta institución académica al no asumir la seriedad que debe mantener como forjadora de futuros artistas.