Muestra Antológica de Miguel Ángel Díaz Dávila en la galería de arte de la Casa de La Emancipación.
Un acercamiento silencioso nos trae esta muestra antológica realizada en la Casa de la Emancipación, pinturas registradas hasta el 2008 se ven complementadas con material fotográfico en los innumerables trabajos escultóricos y murales en relieves policromados.
Partiendo desde el frontis de la Universidad Nacional de Trujillo, la fachada de la Escuela de Bellas Artes de Trujillo y la Universidad de Cajamarca, así como en la Universidad San Pedro en Chimbote y universidades en Lima, apreciamos el despliegue total de relieves magistrales. La elocuencia plástica tratada en cada lugar se remonta a los aspectos históricos de cada región sin alterar su estilo personal.
Una discreta selección de obras se exhiben con el propósito de legitimar su producción de este artista Shilico nacido el 27 de abril de 1942 (Celendín, Cajamarca). La presencia de su trabajo en el Perú se halla en la vía pública y eso favorece al peatón, convirtiéndose cómplice de estos relieves ajustadamente coloreados. Desde el Paseo de las Musas en Chiclayo, - temática Kitch en un escenario donde la presencia del Señor de Sipán desborda-. “Hortensias” relieve instalado en El Golf II, ratifica el desempeño pleno en un espacio ornamentado con formas que identifican la peculiaridad de Miguel A. Díaz.
Una escultura plana, digerible y sin exigencias morfológicas se posicionan en espacios visibles y de tránsito agitado. Sus relieves institucionales emergen en imágenes formales y alegóricas. La simbología de sus elementos radica en una lectura figurativa y, obedece muchas veces a la exigencia del entorno donde elabora su obra. Se documenta de elementos básicos antes de enfrentar una obra pública. También, se anexa de aspectos históricos para que el tema esté comprometido con el lugar. Sus relieves ocupan frontis y, tiene cuidado que la forma no altere una realidad al que él está sometido.
Pinturas de chalanes y caballos solitarios se dejan recrear en sus telas en una técnica mixta, puntos yuxtapuestos definen cuadros con cierto acento puntillista. Estos círculos de color diminutos van armando la figura logrando encajar trabajos de temas vistosos y representativos.
La familia se filtra de manera afectiva en sus telas donde la idea personal se deja compartir en tres pinturas alusivas a un joven ausente. “Siempre vives”, “Joven azul” y “Amorosa ofrenda”, una recreación distante que expresa con cierta nostalgia. Díaz Dávila manifiesta su trabajo a partir de sus propias experiencias en escenas dramáticas y desoladoras.
El conjunto de obras expuestas en esta especie de retrospectiva revela la importancia visual de un artista formado con sus propias exigencias estéticas. El dominio pleno de la figura humana responde a la continuidad permanente de seguir laborando en diversos espacios.
La información detallada de sus trabajos en esta muestra, nos hace recordar que un artista está moldeado para la creación y en este contexto su obra ha dejado un importante manifiesto en estos últimos treinta años. El éxito de su obra radica en los relieves policromados, y es ahí donde el progreso plástico ha tenido mayores logros en relación a la pintura de caballete. La fragilidad de su pintura en el soporte plano de la tela, se desvanece y pierde vitalidad al someter el mismo principio de la escultura y la pintura en un solo tratamiento.
Sin embargo, La categoría de sus murales poseen una fuerza que se activa a partir de las hendiduras marcadas en la frescura del material que él mismo ha investigado. El concreto y el mármol reconstituido es la base primordial en el uso de los relieves, esa familiaridad le permite jugar con la diversidad compositiva y el conjunto de seres que inundan grandes extensiones de cemento tratado. Logramos ver importantes alegorías muralistas perpetuadas en un material durable. Estos secretos y mañas que ha logrado conseguir en años de dedicación queda plasmado en recintos artísticos ventilados por la solidez de su trabajo y la responsabilidad que trasmite a los espectadores urbanos con la elección del tema.
En los extremos de la galería principal apreciamos dos esculturas femeninas con alusión a la mitología griega, estás pálidas y blanquecinas piezas deberían alejarlas de la muestra porque perjudica el recorrido, además, no mantiene esa persuasión estética y se distancia de los hermosos relieves policromados. Pero, al final del otro ambiente se nos presenta los emblemáticos cuerpos del regordete y escudero Sancho Panza acompañado de su fiel y macilento amigo el Quijote de la Mancha, esta escultura resuelta en fierro, planchas y tubos de metal nos demanda una descomunal energía.
Cuando caminamos al compás de nuestras extremidades y observamos estos murales, no nos imaginamos como se ha logrado resolver al grupo de personajes históricos tallados y fijados en fascinantes incisiones. Seres de la literatura, justicia, arte y religión se dejan moldear por las manos de Miguel Ángel Díaz Dávila, haciendo honor con su nombre, al famoso genio del arte renacentista en Florencia.
martes, 24 de agosto de 2010
El destello de los cuerpos amorfos

Con la muestra individual “Líneas Ancestrales” el pintor trujillano Pablo Ramírez Vega, expone este mes de octubre en coordinación con la Galería Club Colonial de Huanchaco y la Galería Artimundo de Bruselas (Bélgica).
Cuando los cuerpos se aglomeran en un espacio se dificulta la observación de la escena, sin embargo, cuando el orden es planteado con severidad hallamos una riqueza móvil entre estos seres amorfos. Así inicia su trabajo Pablo Ramírez Vega, zambullido entre miniaturas formas y de ralo color. Su obra cubierta de elementos se inicia bajo el esquema de la iconografía Mochica y, en ese espacio encuentra sus raíces de la forma.
Formatos inusuales resisten todo el resumen de imágenes cercanas a su cultura, las ubica a manera de una danza nocturna en un aquelarre de seres divinos y enigmáticos. Una magia ancestral se adueña de su pintura emergiendo ligeras figuras subordinadas a los dioses y divinidades de antaño.
Seres alados y fabulosos se apoderan de temas originados por la variedad de gráficos recreados de un pasado solemne. Recurre a ese universo prehispánico para enaltecer el valioso aporte que sostiene su obra en un contexto real y actual.
Peces y aves invaden fondos neutros, una dádiva fantástica que se alimenta de la reinvención de decorados Moche. Todo este conjunto de dibujos permite ubicar con claridad de manera personal un solo elemento en el soporte. Logra seleccionar con eficacia de esta cantera anterior a sus pinturas, imágenes precisas y muy bien estructuradas bajo un dominio de texturas. Bloques llenos de color en un resplandor que brilla en combinación a la pasta rugosa aplicada en las formas estilizadas y hieráticas. Ha superado el bullicio del grupo y ha extraído con acierto, fragmentos lustrosos e iluminados por el acrílico, otorgando efectos visuales a los cuerpos brillantes y de coloraciones fuertes. Su acercamiento al concepto del color se remite básicamente a la experiencia que le tocó convivir con la pirotecnia. La infinidad de viajes a pueblos diversos llevando consigo esta faena familiar, le permitió asimilar el fulgor que origina la luz en las noches oscuras de lugares lejanos a la ciudad. En esta diversidad de fuegos artificiales le queda en las escleróticas impregnada una encendida forma de ver la naturaleza.
Rostros imperturbables rodeados de ligeras lumbreras y tocados utilitarios se quedan suspendidos en una atmósfera plana, de bocas reducidas y ojos finos, se dejan apreciar bajo una indumentaria inventada y rellenada de una grafía espiralada, este ligero movimiento reposa en trazos claros sobre tonos de la misma gama.
Maneja con especial consideración un color que discute con el personaje planteado. Se aleja del círculo cromático y agrega de modo digital encendidas gamas en formas cruzadas y uniformes. Por ahora se preocupa en alterar las primitivas figuras obtenidas de épocas anteriores. Esta simplificación de su pintura se remite primordialmente a la constante aplicación de dibujos y su metamorfosis, estos cambios sustanciales en su trabajo permite jugar con facilidad cada detalle.
La pintura de Pablo Ramírez se introduce al maravilloso mundo de una civilización costera. Recrea con ansia un pasado mágico y, el fervor por la iluminación se pronuncia en una fortaleza bañada de tintes fieros. Responde al temperamento los pormenores de su trabajo y, en ese transbordo impide que se filtre extraños perfiles. Agrega con insistencia particular una pintura suministrada a partir de un legado lejano, evitando dejarse absorber por esquemáticos cuencos de otros tiempos.
Ha comprendido y es consciente que tiene que liberarse de ciertas contaminaciones y, mientras se percate que su obra pertenece a este momento, entonces, tiene que exigir una independencia en el planteamiento de su propuesta.
Todo ha quedado atrás y ahora se desplaza al contraste de la incandescencia en relación a una nueva forma de replantear sus figuras solitarias sobre fondos texturados y desnudos. Recobra la idea de la materia como principal argumento y queda el registro sostenido en una pintura que identifica el territorio del pintor.
Carlos León Cruz; de Huaranchal a Europa

Florencia, ciudad de grandes artistas renacentistas junto a Venecia y Roma fueron el epicentro de grandes obras clásicas, ahí florecieron Leonardo Da Vinci, Rafael Sanzio y Miguel Angel. Este mismo escenario de siglos reivindica el arte a través de la VII Bienal Internacional de arte Contemporáneo – Florencia 2009. Esta ciudad caracterizada por el mecenazgo de los Médicis ha contribuido a la historia del arte importantes manifestaciones artísticas.
La convocatoria a esta bienal fue a nivel mundial donde participaron más de 600 artistas de los cinco continentes -80 países-. Entre los tres ganadores que otorga esta bienal internacional se encuentra Carlos León Cruz (Tercer Lugar, Perú) Maxinino Balatbat (Segundo lugar, Filipinas) y Reinder Ourensma (Primer Lugar, Holanda)
El jurado calificador integrado por reconocidos curadores, historiadores y críticos de arte de diversos países como, Stefano Francolini (Italia) Matty Roca (México) Elza Ajzenberg (Brasil) R.B. Bhaskaran (India) Gregorio Luke (USA) Rosa Tejada (New York, USA) Francesco Buranelli (Italia) y Blanca Petretto (Italia).
“Pueblo Vivo” y “Huaca Preñada” son las obras de Carlos León en la Bienal de Florencia, temas que se remontan a su tierra como concepto estético, en ella se aprecia el arraigo y el sabor de la sierra liberteña, lugar de donde proviene; un pueblo de nombre Huaranchal aun persiste en su trabajo. Los colores terrosos y la restricción a los grises es el resultado de figuras sintéticas acompañada de una cuidadosa textura se distingue en este paisaje de grandes cerros y rocas macizas. Basta con deleitar estos pletóricos parajes para comprender la deuda que tiene por su pueblo y la magnificencia de sus pobladores.
Este importantísimo premio que nos trae de Europa comprueba que su pintura recién se acerca a otras urbes con eficacia, oficio y dedicación. La presencia de su arte latinoamericano frente a ojos ajenos, despertó la mirada de observadores confundidos por el aporte indiscutible de una pintura peruana. Algunos comentaban que su pintura estaba emparentada con la escultura en un mensaje de comprensible digestión. La idea andina del trabajo precisa entre el mundo occidental y el deseo por revelar su terruño se ve clarificado en estas dos obras de casi dos metros de altura.
Sus personajes han venido metamorfoseándose en una simplificación de figuras compactas reposadas sobre fondos limpios, no lastima las formas angulosas para dar paso a seres platónicos y equilibrados entre la neutralidad del espacio y el capricho de estilizar cuerpos pétreos. Cubre el formato con un pigmento mate para enriquecer la iluminación de las aplicaciones suaves y candorosas. Un ligero brillo semejante al residuo de la arenisca flota sobre fuertes estructuras corporales. Atrás quedaron aquellos personajes adiposos para que ahora se enfrente a una secuencia de planos contrastados ejercitados por una pintura que no necesariamente es el óleo. Un afán por encontrar superficies diferentes se somete a experimentar distintos materiales que le permita tener una pintura personal.
La Fortezza da Basso (Florencia) erigida en el siglo XVI por el arquitecto florentino Antonio da Sangallo, significó el lugar para la exposición de las innumerables obras entre; Pintura, Escultura, Fotografía, Intervención Pública, Arte en Papel y Video.
Kofi Annan, del comité de la bienal nos hace recordar que: “Los artistas tienen una labor especial en la lucha por la paz. Los artistas no solo hablan a la gente, sino que hablan por la gente. El arte es un arma contra la ignorancia, el odio y representa la conciencia humana… El arte abre nuevas puertas al aprendizaje, al entendimiento y a la paz entre las personas y naciones”. Esta declaración indica que el arte permite una integración mundial.
Carlos León dedica este premio a su tío Manuel Cruz Leyva, amigo de infancia, con quien empezó a tentar con la pintura y, que aun queda en su memoria recuerdos gratos de un ser que se debate entre esta vida y una nueva existencia.
Este galardón le permite ser invitado a la Bienal Internacional de Turquía en la ciudad de Izmir (Esmirna), mayo 2011. También está considerado en marzo del 2010 a la Feria Internacional Expoart de New York (USA).
Este regalo para nuestra patria se distingue al término de este año y su obra ocupa un espacio en territorios lejanos.
Ana de Orbegoso y sus Vírgenes Urbanas

La campaña evangelizadora durante la colonia en el Perú estaba compuesta por grabados llegados de Europa, estos ejemplares ilustrados con temas religiosos, también sirvió de modelo a la pintura virreinal durante el Siglo XVI. La presencia de Bernardo Bitti, Mateo Pérez de Alesio y Angelino Medoro refuerza una presencia italiana, sin embargo el periodo barroco se instala por dos centurias, ambas influencias en tierras americanas le otorga una importante producción de obras que abastecían a las iglesias, conventos, monasterios y otros centros religiosos de la época.
La Escuela Cusqueña tiene una preponderancia en la elaboración de este grupo de doce obras que se vienen exponiendo en la Casona Orbegoso de Trujillo.
Ana De Orbegoso, fotógrafa de formación, recurre a una serie de pinturas proveniente del Cusco a partir de la mitad del siglo XVII donde Gregorio Gamarra y Pedro de Vargas seguidores del manierismo dejan en claro que los grabados flamencos de Halbeck y de Martin de Vos es de importancia absoluta, estos cuadernos aun se conservan en la biblioteca Nacional del Perú en el área de investigación.
Pintores mestizos e indios introducen características particulares en cuadros donde el ropaje y el paisaje se acercan más al Perú colonizado, como en las obras de Diego Quispe Tito, Basilio Santa Cruz, Martín de Loayza, Juan Calderón, Juan Espinoza de Los Monteros, Marcos Rivera, entre otros.
Los trabajos digitalizados e impresos sobre tela de Ana De Orbegoso acogen en su propuesta fotográfica, pinturas de la Escuela Cusqueña en un recurso del Photoshop. Rostros de vírgenes y querubines son reemplazados por la de peruanas actuales, en algunas se ve forzada la inclusión de imágenes, sin embargo, la idea es, de que nosotros observemos en una realidad repentina dejando atrás esos rostros pasivos e inertes. La tranquilidad estática de los personajes se deja recrear en un limpio proceso digital de asear zonas reemplazables. No daña la vestimenta ni viola los elementos sustanciales de las obras coloniales, simplemente las interviene con una delicadeza que permite respirar los atuendos pasados en un escenario urbano, es decir, las vírgenes han salido de los claustros para mostrase en su totalidad, pero se revisten de la instantaneidad y empiezan a deambular por la ciudad, tal como se mostró en la ciudad del Cusco.
Esta experiencia de jugar con la fotografía ha venido elaborando desde las imágenes de; Mi álbum infantil, una historia reinventada, donde cuerpos frágiles juegan con caras afirmadas.
“Santa Rosa de Lima”, este trabajo matiza el atavío de la santa con una manta incandescente, colorida y cotidiana utilizada por mujeres andinas, la mano izquierda no coincide en proporción con la mano derecha y, el querer acoplar el cuerpo moderno con la otra estructura corporal perteneciente a un canon occidentalizado, despierta el interés en valorar los distintos tiempos del arte peruano. “La Virgen Inmaculada”, escasamente intervenida bajo un fondo de la plaza de armas de la ciudad imperial. “La Virgen del Norte”, se somete a transparencias entre el trapeado y cerros tenues que le sirve de paisaje a una obra que se orienta a revelar una virgen en un baile típico del lugar. Hombres vestidos de chalanes bajo las faldas de la virgen danzan al ritmo del atuendo norteño y, en la cabecera del cuadro dos iconos mochicas fileteados se encuentran en actitud móvil. El reconocimiento del tratamiento de las fotos nos lleva a recordar la serie de La Pared Invisible, donde la fusión facial en los nudillos de la mano logra una veladura similar a los cuerpos desnudos del grupo de La Muralla y Los Otros.
Las doce obras expuestas en esta muestra individual de Ana De Orbegoso mantienen una importante unidad al tomar en cuenta los fondos citadinos con la pintura colonial. En “La Virgen Arcabucera” se aprecia un grupo de mujeres que marchan dignas a modo de ronderas. El tema de los arcabuceros en la pintura cusqueña prevalece el arma de fuego como elemento hispano, sin embargo, este trabajo va más allá del concepto estético, De Orbegoso recupera el proceso social de un pueblo que establece sus propias acciones en una condición propia. La asistencia de la modernidad digital en el fotomontaje le da una categoría actualizada.
La obra fotográfica de Ana registra una exigencia profesional en varios conjuntos de su propuesta como lo es también en Disutopia.
Ramón Mujica Pinilla, opina así: “… Estos retratos profanos esconden un mensaje alegórico que provoca un vértigo teológico; la santidad no existe exclusivamente en el cielo. Puede encontrarse también encontrarse en la gente común nutrida de fe, que desde sus altas punas o pueblos celebra fiestas y procesiones a los santos de la iglesia”.
La Envoltura de las Imágenes
En una oportunidad un amigo pintor me comentó, que pintar un rostro o una figura humana era lo más fácil, sin embargo, jamás observé en su trabajo resolver forma alguna, luego, una pintora me expresó, que el pintar un hermoso retrato o un buen desnudo no garantizaba ser un pintor. Estas dos maneras de abordar el arte revelan que la pintura no radica en la fidelidad de la imagen real, pero, recordemos algunas situaciones como es el caso del artista español Vicente López al retratar al mismísimo Francisco de Goya, retrato espléndido que ni siquiera el propio Goya pudo expresarse en sus innumerables autorretratos, solamente este cuadro pintado por V. López le bastó para ser reconocido como tal.
Fernando de Szyszlo decía que a él le costó mucho aprender a dibujar, incluso veía como Jorge Piqueras resolvía con magistral facilidad la imagen humana. Van Gogh no pisó escuela de arte alguna, sin embargo se inscribió en un curso de dibujo y perspectiva para solucionar aspectos técnicos. Toda contemplación académica será expuesta a riesgos vanguardistas y en ese tránsito se devela un arte personal separado de todo principio formal.
La muestra “Imágenes” en la Casa de la Emancipación, Banco Continental, registra una importante exhibición al término de este año. Alvaro Mendoza Vilca y Quintín Borda Ticona exponen en esta bipersonal un cierto gusto forzado y académico. Una selección de trabajos figurativos con exigencias del buen dibujo.
Alvaro Mendoza mantiene una pintura subrayada por la exquisitez y la envoltura atmosférica que empapa una figura resuelta en un esfumado controlado. Integra la forma en un espacio decoroso y gustativo. La desnudez esplendorosa y sensual postura de sus imágenes femeninas reposan en colchas y pliegues suaves, cojines perfumados y acompañados de flores bañan los cuadros en una estación de estío. Toques finos de pintura rozan la tela para capturar formas y esencias reales, pinta lo que ve y nos atrapa con esa maestría de la figura. No podemos ser mezquinos al ver su trabajo en conjunto y decir, que el arte figurativo no encaja en estos tiempos donde el concepto digital sobrepasa todo esfuerzo manual. La obra de Mendoza llega a nuestra ciudad para mostrar una pintura dotada de sinceridad y sin alarde alguno detalla cada parte de la obra en pincelada precisa y artificiosa. Si precisamos el detalle en su obra, hallamos cierta comodidad al camuflar manos irregulares en una bruma que baña todo el cuadro. Una aproximación láctea blanquecina se presencia en su pintura; característica regular en su trabajo. Hay que destacar la claridad y limpieza académica del cual hace gala .
Esta muestra intenta complementarse con el profesor de bellas artes Quintín Borda al instalar sus obras en el segundo ambiente. Dibujos en grandes formatos trazados al carboncillo se desplazan de las pinturas y, figuras desnudas sobre papel ocre lucen con discreción una morfología de taller. Este contraste rígido de un dibujo alusivo al concepto escultórico se separa de la sensualidad de la otra parte de la muestra.
Un tanto apático ver nuevamente la misma producción escasa de Borda. Dicen que en la repetición está el gusto, sin embargo el gusto se desvanece cuando observamos los mismos trabajos en cada exposición. Debería abstenerse hasta que nuevas obras salgan de su taller. A pesar de este detalle la escultura de sus féminas adiposas no dejan de ser valiosas.
Le cae bien a la ciudad esta exposición de obras digeribles y de lectura accesible, eso permite introducir la naturalidad del arte a través -no de una propuesta- de la plasmación aparentemente real. Aunque vale decir que la realidad estética de la forma es una apariencia que el artista plantea en su obra. Lo que se ve en esta muestra es un cierto afán por legitimar que la pintura sigue siendo pintura y, que, pueden existir mil formas de expresarse.
Alvaro Mendoza y Quintín Borda conspiran ante las nuevas opciones del arte, ellos se perfilan bajo la idea académica reforzando la importancia de una buena formación artística. La validez radica en la permanencia figurativa y en las posibilidades de enfrentar una realidad del tema expuesto. Esta muestra pareciera una clase de taller de bellas artes para quienes quieran renunciar la idea básica de la pintura. Puede existir un esfuerzo por parte de los expositores en intentar prevalecer que la imagen bonita y bien colorida son esencias fundamentales en el arte. Estos trabajos se aproximan a una parte de la práctica profesional y al ejercicio mediático de un artista. Se tiene que tener en cuenta la importancia mental del arte sobre una pintura instintiva rutinaria e inexpresiva.
También podemos aclarar que son muchas las tentaciones estéticas en un creador, este significado de la tentación llega en cualquier instante y, no nos sorprenderíamos ver la figura trasgredida y herida bajo una forma irreal acostumbrada a nuestra mirada.
Las obras que se exhiben en la Casa de la Emancipación exigen a la mirada ser más meticulosa con las formas y detalles elaborados a partir de lo que un artista visual pueda capturar y otorgar al espectador.
Fernando de Szyszlo decía que a él le costó mucho aprender a dibujar, incluso veía como Jorge Piqueras resolvía con magistral facilidad la imagen humana. Van Gogh no pisó escuela de arte alguna, sin embargo se inscribió en un curso de dibujo y perspectiva para solucionar aspectos técnicos. Toda contemplación académica será expuesta a riesgos vanguardistas y en ese tránsito se devela un arte personal separado de todo principio formal.
La muestra “Imágenes” en la Casa de la Emancipación, Banco Continental, registra una importante exhibición al término de este año. Alvaro Mendoza Vilca y Quintín Borda Ticona exponen en esta bipersonal un cierto gusto forzado y académico. Una selección de trabajos figurativos con exigencias del buen dibujo.
Alvaro Mendoza mantiene una pintura subrayada por la exquisitez y la envoltura atmosférica que empapa una figura resuelta en un esfumado controlado. Integra la forma en un espacio decoroso y gustativo. La desnudez esplendorosa y sensual postura de sus imágenes femeninas reposan en colchas y pliegues suaves, cojines perfumados y acompañados de flores bañan los cuadros en una estación de estío. Toques finos de pintura rozan la tela para capturar formas y esencias reales, pinta lo que ve y nos atrapa con esa maestría de la figura. No podemos ser mezquinos al ver su trabajo en conjunto y decir, que el arte figurativo no encaja en estos tiempos donde el concepto digital sobrepasa todo esfuerzo manual. La obra de Mendoza llega a nuestra ciudad para mostrar una pintura dotada de sinceridad y sin alarde alguno detalla cada parte de la obra en pincelada precisa y artificiosa. Si precisamos el detalle en su obra, hallamos cierta comodidad al camuflar manos irregulares en una bruma que baña todo el cuadro. Una aproximación láctea blanquecina se presencia en su pintura; característica regular en su trabajo. Hay que destacar la claridad y limpieza académica del cual hace gala .
Esta muestra intenta complementarse con el profesor de bellas artes Quintín Borda al instalar sus obras en el segundo ambiente. Dibujos en grandes formatos trazados al carboncillo se desplazan de las pinturas y, figuras desnudas sobre papel ocre lucen con discreción una morfología de taller. Este contraste rígido de un dibujo alusivo al concepto escultórico se separa de la sensualidad de la otra parte de la muestra.
Un tanto apático ver nuevamente la misma producción escasa de Borda. Dicen que en la repetición está el gusto, sin embargo el gusto se desvanece cuando observamos los mismos trabajos en cada exposición. Debería abstenerse hasta que nuevas obras salgan de su taller. A pesar de este detalle la escultura de sus féminas adiposas no dejan de ser valiosas.
Le cae bien a la ciudad esta exposición de obras digeribles y de lectura accesible, eso permite introducir la naturalidad del arte a través -no de una propuesta- de la plasmación aparentemente real. Aunque vale decir que la realidad estética de la forma es una apariencia que el artista plantea en su obra. Lo que se ve en esta muestra es un cierto afán por legitimar que la pintura sigue siendo pintura y, que, pueden existir mil formas de expresarse.
Alvaro Mendoza y Quintín Borda conspiran ante las nuevas opciones del arte, ellos se perfilan bajo la idea académica reforzando la importancia de una buena formación artística. La validez radica en la permanencia figurativa y en las posibilidades de enfrentar una realidad del tema expuesto. Esta muestra pareciera una clase de taller de bellas artes para quienes quieran renunciar la idea básica de la pintura. Puede existir un esfuerzo por parte de los expositores en intentar prevalecer que la imagen bonita y bien colorida son esencias fundamentales en el arte. Estos trabajos se aproximan a una parte de la práctica profesional y al ejercicio mediático de un artista. Se tiene que tener en cuenta la importancia mental del arte sobre una pintura instintiva rutinaria e inexpresiva.
También podemos aclarar que son muchas las tentaciones estéticas en un creador, este significado de la tentación llega en cualquier instante y, no nos sorprenderíamos ver la figura trasgredida y herida bajo una forma irreal acostumbrada a nuestra mirada.
Las obras que se exhiben en la Casa de la Emancipación exigen a la mirada ser más meticulosa con las formas y detalles elaborados a partir de lo que un artista visual pueda capturar y otorgar al espectador.
jueves, 5 de agosto de 2010
Cuerpos Blancos Almas Oscuras
El escenario blanquecino almacena obras que ejercen una importancia estética en la producción de Nereida Apaza Mamani. “Levitaciones en Paris” es la muestra individual de esta artista visual arequipeña en la Alianza Francesa de Trujillo.
El conjunto de los trabajos se posicionan en una reciprocidad ordenada. Ha distribuido en los dos ambientes, ensambles con obras planas.
“Noche de estrellas” resume tres telas de gran formato aplicado con hilo oscuro, ha cosido a manera de dibujo notándose las puntadas sin perder la esencia del trazo, es decir, reemplaza el grafito por el filamento y construye escenas dislocadas y solitarias. Un árbol deshojado se suspende en una atmósfera limpia originada por la crudeza de la tela y, un nido que reposa en lo alto, altera un ambiente formal en un lugar deshabitado, mientras que, la mano de un mozalbete sostiene la punta de una madeja enraizada en todo el espacio, una jungla de tiras oscuras se entremezclan perdiéndose el inicio y el orden de esta rayuela. La tercera parte de este grupo de telas sin imprimante se orienta a enfatizar la idea de una trilogía sostenida en la separación absoluta de los recursos pigmentarios para ensalzar la higiene de la línea y fondos provistos de blancura total. Nuevamente la construcción del dibujo divisa una invasión de espacios liberados por la trama del soporte.
“La carne blanda fatiga mi alma”, se compone de tres pedestales donde sobre un cojín descansan manzanas atravesadas por un clavo, sin embargo una red de hilos sirve de envoltura, todo está protegido por una especie de telaraña y los módulos quedan atrapados. La idea pecaminosa se deja manifestar en este elemento prohibido por el génesis bíblico. Nereida Apaza recurre a la ausencia del color y se libera de toda coloración para entregar una propuesta incolora sometida a la intemperie de la luz artificial.
En la instalación “El pensamiento no sabe nada” cinco lavatorios de porcelana con líquido son acompañados de cinco manteles mojados -estos, camuflados de inscripciones poco visibles-, esta fatiga cotidiana se aprecia en la humedad de los trapos, una acción que empieza en cada día de la muestra. Una faena doméstica y rutinaria nos impulsa a creer que estos utensilios son utilizables en la limpieza del hombre, un aseo espiritual que intenta cada trabajo. Este ensamble de trapos y cuencos de metal se suspende en el ideario conceptual de la creadora para insistir que la vida diaria se compone de actos normales y reales. La proximidad del cuerpo a estos elementos, se dispone de una utilidad mediática y renovable.
La confrontación del blanco sobre otra tonalidad del blanco se revisa en la obra ·”Nubes”, siete cuadros pequeños a modo de cajón desfilan en una horizontalidad continua y de distancias paralelas. El bordado blanco se deja lucir por la luminosidad del filamento cosido y la opacidad de la tela queda subordinada a la intervención de figurillas estructuradas entre nubes y aves. El complemento lumínico y la pérdida del color se orientan a elaborar piezas que lidian con los efectos visuales del montaje, a pesar de la restricción tiene que equilibrar la dificultad del blanco sobre el blanco y, creo que la efectividad del contraste logra su cometido, sin embargo existe una austeridad proporcional entre la imagen y los espacios que retienen cada elemento.
La entrada de la galería se orla de una jaula metálica en cuyo interior bostezan agujas rojizas, “Agujas oxidadas” es evidente la respuesta a este título, sin sorpresa alguna amontona piezas en una narración predeterminada. La relación de la oxidación con el color se deja leer sin aventura alguna.
El nombre de la muestra alude a su estancia en Paris, pero no es exactamente lo que ella expresa, más bien, significa el recorrido de los pasos que trajinan diversos escenarios. “Levitaciones en Paris” se conforma de diez cuadros donde la acuarela y el transfer son los responsables de esta representación plana. La unidad entre esta decena de pinturas radica en la gravitación de los pies desnudos, cruzados o firmes no pretenden aplastar una escenografía de situaciones fatalistas entre cuerpos desnudos y dibujos miniaturizados en actitudes ilustrativas. Espejos que transitan bajo ruedas alarmantes y desquiciadas, personajes de cabeza sin importar su ascendencia, una mujer desnuda duerme en un sofá tina, hombrecillos bien vestidos a oscuras como músicos fúnebres se elevan sobre hojarascas libres y, nidos que albergan sillas y sillas que trasportan espejos en situaciones inciertas, emergen de una intensa persecución de anticuarios de trivial antigüedad. Vuelve a graficar en este grupo de acuarelas de fondo adoquinado, transparente, un cordel de maniquíes pálidos y bajo este tendido un toro desconcertado observa un poste vetusto y una caja ánfora desperdiciada en un territorio esquizofrénico.
Concluye esta artista visual sureña con una bitácora, donde apertrecha la inagotable fuente de su trabajo en dos cuadernos denominados: Cuerpo blanco, alma oscura; se aferra a una trasmigración de la forma en fondos vírgenes, intactos y limpios, transgrede sutilmente la humanidad para explotar una imaginería que nos recuerda a las viñetas de aquel insondable mamotreto escolar llamado Fanal.
sábado, 22 de mayo de 2010
Entre el desequilibrio y la falta de colectivo
Cuál es el interés en realizar una exposición colectiva si en ella existe una carencia y desgano temático. La aventura y el apuro por mostrar obras que no tienen derrotero alguno, inquieta las miradas y se desvían del objetivo. Tres artistas formados en la escuela de bellas artes de Trujillo; Pablo Ramírez Vega, Juan Mendoza Anticona , Johnny Contreras Figueroa y Zuller Carrillo Esquivel con estudios en la escuela de arte de Arequipa, vienen exponiendo en la Casa de la Emancipación bajo un nombre que sugiere alumnos de taller de escuela.
Una muestra en grupo debe estar orientada a expresar un itinerario de trabajos que sugiera una idea o estar enlazada entre un pintor y el otro, no debería aislarse cada parte porque resultaría incomprensible la intención del conjunto de obras.
Si entendemos que cada uno de los pintores se lanza al ruedo con su trabajo sin tomar en cuenta al otro, entonces, el colectivo es poco alentador. Sin embargo, si tratamos de separar a cada uno de ellos, hallaremos una valía personal sin tomar en cuenta a los cuatro artistas juntos.
Entre los más dotados en su obra y con una exigencia que le permite calibrar esta muestra es Juan Mendoza, con pinturas que se orientan a confabular con la poesía e inscripción de textos dentro de la obra. Entre una pintura y la otra se nota una ligera separación temática, figuras estilizadas y extremidades con terminaciones angulosas que ahuyenta el buen dibujo. Una discusión de figuras que se aprecia como por ejemplo en “Ay, hermanos, hay muchísimo que hacer” y “Otoño, el momento más grave de la vida” esa relación corporal distante en su pintura no le permite integrar los cinco trabajos, que, por supuesto, no deja de ser una alternativa apreciable la individualidad de cada obra.
Pablo Ramírez es el más claro y no se desorienta de sus postulados, aun podemos registrar dentro de sus once trabajos expuestos con solvencia personal. Su temática persistente en formas prehispánicas se nutre de nuevos elementos actuales para equilibrar una pintura fortalecida por el color encendido y de texturas cuidadosas. Ciertas pinturas no se complementan de las otras, la figuración con los ornamentos planos se alejan de sus principios. Lo cierto es, que a pesar de esos desniveles encontramos una continuidad muy suya.
El desequilibrio plástico de Johnny Contreras desvela esta muestra colectiva, apresurado y sin coordinación alguna interviene una pintura carente de todo rigor pictórico. Cuatro pinturas desniveladas y agitadas con aplicaciones del pigmento riñen con las figuras ligeramente esfumadas sin encontrar la reciprocidad del conjunto. Tentativas que deberían quedarse en el taller, más no en una exhibición.
El chicucha Zulller Carrillo reincide en la improvisación exponiendo de modo violentado cuatro pinturas donde la calidad técnica se deja aplastar por una falta de secuencia temática. Ha recuperado un cuadro de su muestra individual anterior y ha superpuesto figuras forzadas intentando enriquecer su trabajo. “Su majestad” pintura de grandes dimensiones donde el concepto fotográfico se impone entre las dos mujeres de poses hieráticas y de sonrisas exigidas. La palidez y los efectos lumínicos fracasan en esta pintura que intenta superar una figuración rica en atavíos y actitud. “Libertad” los dos caballos bajo un cielo estrellado se orientan a complacer básicamente una pintura gustativa. Zuller, con la sapiencia y el recurso profesional que posee no tendría porque entretenerse en bordear trabajos insustanciales.Este colectivo manifiesta la falta de funcionalidad en grupo, el acercamiento solamente se da en el entusiasmo de querer mostrar el trabajo de cada uno de ellos en una mentalidad escondida de; -sálvense quien pueda-. Han llenado la sala pero aun se ve desnuda. Hasta ahora las exposiciones colectivas no responden a nada, simplemente cubren los espacios y salen del apuro, se tendría que exigir a los expositores una solvencia temática. En este transcurrir de exhibiciones, encontramos con pinzas, escasos trabajos que cumplan con ciertos criterios serios
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